CUENTOS,HISTORIAS Y MUCHO MAS

lunes, 14 de enero de 2013

SOBREVIVIENDO AL DESTINO



Después de descubrir su verdadera naturaleza Bella deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones sin hundir a las personas que más quiere, qué hará cuando el destino la alcance al fin cuando conozca a los Vulturi? Secuela de Destinada a Nunca Morir.




"Cada uno es responsable de lo que le sucede y tiene el poder de decidir lo que quiere ser.
Lo que eres hoy es el resultado de tus decisiones y elecciones en el pasado.
Lo que seas mañana será consecuencia de tus actos de hoy"
PREFACIO
Estaba sola en un lugar desconocido.
Mis pies se sentían sumamente cansados, como si hubiera caminado por kilómetros, sin embargo, no recordaba nada de cómo había llegado allí.
Detrás de mi no había camino, sólo una negrura espesa se arremolinaba a mis espaldas. Al detenerme, dos grandes puertas antiguas se abrían paso ante mí, oscuras y brillantes como las perlas negras.
Al abrirlas lentamente, pude ver que no había nada, sólo un enorme pasillo con una vieja alfombra roja como la sangre. Supe casi por instinto que debía cruzarlo, al final se podía ver otra puerta de perla negra.
Caminé lentamente, cohibida por el olor rancio del lugar: notas de podredumbre se metían por cada poro de mi cuerpo de manera horrible, parecía como si algo muerto hubiera estado encerrado toda la vida.
Pude notar que estaba helando por el vaho frío que salía de mi boca con cada respiración y por los escalofríos que recorrían mi piel, aunque después descubrí que esa reacción no sólo era por el frió.
Tenía miedo.
Con cada paso que daba hacía aquella puerta, el tambor de mi corazón sonaba más fuerte que nunca.
Antes de siquiera tocar aquella puerta, esta se abrió quedando descubierto un salón enorme de ladrillos húmedos y viejos, era claro que el desagradable olor provenía de allí. No había nada en un principio, más que la alfombra, el olor a muerte y los ladrillos pero luego, tres sombras negras aparecieron en el extremo final.
Sentí miedo al imaginar quienes podrían ser aquellas sombras, pero fue aún peor cuando de los lados del cuarto obscuro, muchos ojos rojos se posaron sobre mí. Era de muchos tonos de carmesí diferentes, la forma en que me miraban dejaba ver un odio enorme.
Solo yo era alumbraba por una blanca luz parecida a la del sol, fue una forma practica y simple de exponerme. No sabía qué estaba pasando, ni lo que estaba haciendo en aquel lugar pestilente: en la habitación el olor a muerto cada vez era más fuerte.
Quise decir palabras, preguntar qué hacía allí pero no pude hablar, mi voz estaba apagada. Fue en ese instante que supe que aquello se trataba de un juicio y yo era la acusada.
El día al fin había llegado.
De repente, una parte del cuarto comenzó a iluminarse con la misma luz, tuve la sensación de que algo extraño iba a pasar.
Y entonces la vi.
La conocida pelirroja estaba tirada allí, cerca de la alfombra que se hacía más roja por la sangre que emanaba de su cabeza, tan humana y muerta como la primera y última vez que la vi. Fue un shock para mí, nunca quise volver a pensar en ella, sin embargo regresaba justamente a atormentarme, a recordarme lo que le había hecho en el baño de la escuela.
El flujo de líquido rojo llego hasta mí, empapando mis pies de forma exagerada. No sentí anhelo por su sangre, más bien un repudio total se apoderó de mi a lo que se supone debería ser mi alimento primario.
Una lágrima culpable se escapó de mis ojos. No podía negarlo, el fantasma de aquella mujer me remordía la conciencia y después de algún tiempo, aún me impedía ser completamente feliz.
- Isabella …-dijo una voz masculina casi espectral
Fue lo único que escuché desde el lugar en donde se encontraban las sombras, que luego de que se encendieran completamente las luces, se transformaron en las figuras de tres hombres diferentes que me miraban con un furia encendida a través de sus pupilas carmesí.
Pude reconocerlos, pero no me atreví a pensar sus nombres, ese hecho me hubiera puesto histérica en aquel desconocido lugar. Una punzada fría atravesó mi columna vertebral, preparándome para lo que venía, preparándome para afrontar mí destino.
Un zumbido se apodero de mis oídos, dejándome sorda mientras veía cómo el hombre en medio de aquella formación, movía la boca, hablando hacía mí. No pude descifrar lo que decía, no tenía la habilidad de leer sus labios pero por su expresión y su lenguaje corporal parecía que iba a estallar en furia, sabía que era por mí.
Era inevitable, sabía que tarde o temprano ese día llegaría.
Luego, con su mano blanca casi transparente, el hombre a la derecha de la formación hizo una seña extraña.
Casi de inmediato, de la nada, pude ver cómo Edward era arrojado de entre las sombras. Me observó con sus ojos tristes de topacio líquido, de repente y sin razón aparente, se azotó en el suelo, gritando de dolor, tallando el suelo por lo intenso. Era cómo ver sufrir a un ángel tras haber caído del cielo al infierno, sus hermosas facciones estaba distorsionadas por aquel dolor que lo azotaba.
Ahogué un grito silencioso, aún no emitía sonidos y por más que quise estar a su lado para ayudarle, no pude moverme. Parecía que mi cuerpo estaba hecho de acero, se sentía tan pesado.
Fue lo peor que pudo haber pasado en aquel escenario. Desde que descubrí lo que era, supe que algún día mis perseguidores vendrían por mí, sólo por mí, estaba preparada. Pero ahora, el amor de mi vida, el hombre de mis sueños estaba delirando de dolor en el suelo mientras aquel trió siniestro se regodeaba por el dolor de Edward, mi Edward.
Miré desesperada por toda la habitación buscando ayuda o alguna forma de moverme, pero no encontré a nadie, ya ni siquiera el cuerpo de la mujer estaba al lado de la alfombra, sólo quedaba la sangre brillante en el suelo que se hacía cada vez más espesa.
Entonces, en un parpadeo, pude distinguir la silueta felina de la pelirroja, caminaba hacia mi burlona. Ya no parecía humana, era igual que Edward, era una vampira.
En un movimiento de ráfaga, acortó su distancia hacía mi, golpeándome el abdomen de manera brutal, abriendo un hueco en mi cuerpo y tirándome al suelo. Un dolor inmenso recorría todo mi ser haciéndome llorar nuevamente. Como pude, me lleve la mano a donde la colisión había ocurrido, encontré mi propia sangre siendo derramada, caliente y fresca.
Tirada allí, retorciéndome en mi propia sangre, pude ver que Edward no se movía más.
Su mirada inmóvil estaba posada sobre mí.
Horrorizada hasta los huesos, quise moverme hacía él, pero no pude nuevamente. Vi tristemente que sus mejillas eran rosadas, que a su piel apenas se le estaba escapando la vida y que sus ojos verdes apagados era una señal de lo imposible.
Había muerto.
El destino karmico se había cobrado con lo que más amaba en el mundo: Edward. Lloré y sollocé como loca ante la mirada de todos aquellos ojos rojos guasones.
Ya no me dolía el agujero en mi cuerpo, me dolía mil veces más el alma. Todo suspiro de felicidad me había sido arrebatado en aquella pútrida habitación, nada tenía sentido, deseaba morir ya. Estaba segura que el mundo ya no tenía sentido sin aquella criatura hermosa que llenaba mis días de amor.
Pero ya no tendría que esperar para salir de aquel mundo sin Edward.
Los tres hombres se acercaron a mi como flotando, supe que sería ahora mi fin y cerré los ojos. Mis brazos fueron elevados después de sentir un frío toque: en la mano derecha sentí la humedad de una lengua, que disfrutaba lamiendo la reminiscencia de mi líquido vital.
No sentí horror, ni morbo.
Sólo una tristeza infinita me embargaba al ver el cuerpo aún incorrupto de Edward, sin duda, el cadáver más hermoso que la tierra pudo haber tenido.
Luego, el dolor del veneno llenó mi antebrazo izquierdo, donde pude ver pegado a uno de los hombres absorbiéndome la vida. Lo mismo era en mi muñeca derecha: el otro hombre había terminado de utilizar su lengua para ahora enterrarme sus fríos colmillos.
Ya no me importaba ni siquiera estar ardiendo por dentro, deseaba con todas mis fuerzas morir de una vez por todas.
Con lo poco que quedaba de mi borrosa visión, distinguí al hombre triste de la pintura del Dr. Cullen. Sus ojos rojos mostraban culpa, como si no hubiera deseado aquel destino para mí. Eso no evitó que se acercara a mí y clavara sus dientes en mi cuello para rematarme.
Su veneno fue el que más causó estragos en mi moribundo cuerpo. Llenó mi ser con un dolor inmenso mientras alimentaba a tres vampiros ancestrales, terminando mi vida con un grito ahogado, con el sonido de la muerte.
- Bella…- dijo una voz aterciopelada.
La simple mención de mi nombre, se llevó lejos aquella terrible escena, estaba a salvo.
Ahora estaba al lado de Edward, en lo que parecía ser el paraíso.
CAPITULO 1
Preocupación
Estar preocupado es ser inteligente, aunque de un modo pasivo.
Sólo los tontos carecen de preocupaciones.
Eckermann, J. P

Abrí los ojos de golpe, lanzando un pequeño grito exasperado, huyendo de aquel terrible sueño. Había sido el peor de todos lo que ya había tenido después de más de dos meses de aquel suceso.
Mis ojos dejaban correr lagrimas enormes, tenía la sensación en mi pecho de que aún estaba en el horrendo cuarto siendo alimento de los vampiros.
Pero su voz me había sacado de aquel trance.
Busqué en la obscuridad la mirada fiel de Edward, que me observaba con ojos de preocupación sentado en mi cama. Estaba a mi lado, tocando levemente mi mejilla con sus sedosos dedos de hielo, al sentir su rocé supe sin dudas que estaba en el paraíso.
Estaba con el hombre que amaba.
Un suspiro de alivio llenó mi pecho mientras me incorporaba para abrazarlo desesperadamente, como si fuera a desaparecer en ese instante y quisiera retenerlo. Me sentí de nuevo con vida, la que prácticamente se me había ido con mi horrible pesadilla. Él recibió mi abrazo de la misma manera, sólo que agregó un beso en mi sudorosa frente sin importarle lo asqueroso que eso hubiera sido.
Ahora, después de algún tiempo de haberle confesado mis sentimientos, podía con exactitud explicar tanto amor hacia él. Obviamente, Edward no sólo era hermoso por fuera, sino que por dentro su belleza era multiplicada por ocho mil veces más. Me escuchaba y yo lo escuchaba a él, reíamos a veces por las pequeñas cosas, sabía exactamente lo que necesitaba a pesar de que no podía leer mi mente, pero sobretodo, me quería tal y como era. Ni más bonita, ni más inteligente, ni más vampira o más humana.
Me quería por sobre todas las cosas, así como lo quería yo a él.
Así que si mi sueño cobraba vida, estaba segura de que yo lo iría alcanzar a donde quiera que él fuera, aún si aquel lugar fuera el mismo infierno.
Me tomó en sus brazos, cada vez más familiares para mí, mientras jugaba con mis alborotados cabellos. Se recostó en la cama y me hundí en su pecho tratando de olvidar todo lo que había visto, mi respiración a penas estaba retomando su curso normal.
-nuevamente los muertos vivientes?...- dijo en un susurro, sacándome de mis pensamientos
- si…zombies otra vez…- le mentí
Últimamente había despertado así cuando Edward me visitaba por las noches y la única excusa que utilizaba para no preocuparlo era que soñaba con los malditos zombies chorreantes. Pero si lo pensaba bien, los pobres e infantiles muertos no era nada en comparación a lo que podían ser los Vulturi.
Ellos si eran de preocuparse.
-vuelve a dormir que por la tarde tendremos que ir a mi casa, te tengo una sorpresa y luego, Emmet…antes de venir me dijo que hoy era su turno de enseñarte algo…-
-genial!!...ojala que me enseñe a cazar ardillas…- reí un poco más aliviada acariciando un poco su pecho de mármol.
-no lo dudes…pero ya, cierra los ojos…debes dormir, últimamente no lo has hecho como se debe…- me besó la frente
Reí internamente, preguntándome qué sabía Edward acerca de dormir si él mismo tenía muchos años sin hacerlo. Pasó las yemas de sus dedos sobre mis parpados luego, comenzó a tararear lo que parecía una canción de cuna y a su vez, ensortijaba un mechón de mi cabello entre sus dedos. Eso sirvió para relajarme y traerme a la realidad por completo, aunque sólo por un momento ya que de pronto, escuchamos en el baño que Maddie hacía un gran escándalo.
Me levanté de golpe mirando a Edward, un poco asustada pero él me miró muy tranquilo.
-es Jack…- dijo refiriéndose a mi futuro hermano
Desde que Maddie nos dijo que estaba embarazada, nos pidió opinión acerca del nombre para el bebé. A Charlie le gustaba el nombre de Andrew, pero a mí el de Jack así que Maddie prometió escoger entre aquellos dos nombres. Para mi suerte y según Alice, Maddie terminaría por llamar al bebé Jack.
Esa noche, Maddie sufría como cualquier mujer los estragos del embarazo y los ascos nocturnos eran prueba de eso. Aunque también le había dado por comer cosas extrañas como sopa con mermelada o avena con salsa picante. Charlie estaba vuelto loco, creo que no estaba acostumbrado a lidiar con una mujer tan hormonal que además de estar embarazada, trataba de organizar su propia boda.
Pensé en ir a verla pero ya había terminado con la tasa del baño, así que volvimos a recostarnos. Cuando mi cuerpo se relajó un poco, sentí como me hundía en mi propio sueño, pero esta vez era uno llano y sin Vulturis a la vista.
Estaba tan cansada, me sentía tan débil que incluso no sentí cuando Edward se había ido en la mañana, evitando así que mis padres supieran que nos veíamos a escondidas por las noches. Ni siquiera quería imaginar qué hubiera dicho Charlie si se enteraba, creo que tal vez querría llenar de plomo a Edward si lo hiciera pero eso era básicamente imposible, aunque hubiera sido difícil de explicar.
Hasta ahora, mi padre no había armado ninguna escena de celos o algo por el estilo, sino al contrario, era amable cuando Edward iba a la casa a recogerme por las tardes e incluso a veces hasta lo había invitado a ver el beisbol por la TV. Charlie aceptaba mi reciente relación con Edward, aunque a veces insinuaba que por su culpa Jacob y yo ya no nos frecuentábamos tanto.
Billy, pasaba a veces a la casa pero Jacob sólo lo dejaba en el porche y se iba para recogerlo después. Era increíble que luego de tantos años de ser amigos Jacob se portara de esa manera tan infantil, es decir, sabia que él era más chico que yo pero no tenía porqué ser así de inmaduro. Me dolía bastante aquel hecho, pero Jacob era muy terco y sabía que sólo el tiempo lo haría entrar en razón.
Sólo eso, porque de ninguna manera me alejaría de Edward.
Era sábado, así que no dudé en levantarme tarde, seguía cansada a pesar de haber dormido unas cuantas horas más. Decidí darme una ducha para despejarme un poco de todo lo que había sucedido por la noche. Al hacerme el shampoo, otra vez vi mechones de cabellos que se desprendían de mi cuero cabelludo. Comenzaba a alarmarme un poco aquella situación, si seguía así quedaría calva igual que Lex Luthor, pero yo le atribuía eso a la preocupación y al stress. Lo único que debía hacer era relajarme, olvidar y ya, eso era todo, aunque no era tan fácil.
Con la toalla enredada en mi cuerpo, comencé a cepillarme con cuidado el cabello para evitar nuevas perdidas. Lo que vi con mis nuevos ojos en el espejo, me dejo alarmada.
No me había percatado que lucía diferente.
Normalmente, yo era pálida, lo sabía; pero mi piel no lucía así en ese momento sino más bien transparente, creo que se veían cada una de mis venas del pecho y sobre todo de las manos. A partir de la transformación, las ojeras se me habían difuminado de una manera que casi imperceptibles, pero ahora se hundían obscuras debajo de mis ojos.
Sin duda, parecía mucho más muerta que antes y hasta ahora que mi visión estaba mejor me había dado cuenta. No era posible que a pesar de lucir así, a Edward le siguiera gustando.
Fue en ese momento, que pensé en pedir la ayuda de Alice. Seguramente, ella tendría algún consejo de maquillaje para cubrir mis más recientes imperfecciones, aunque tenía miedo porque si abría aquella caja de pandora iba a ser difícil cerrarla. Sobre todo porque Alice llevaba las cosas al extremo.
Me vestí rápido y bajé a desayunar con Maddie.
Me sirvió cinco enormes Wafles en el plato ante mi horrorizada mirada. Desde que ella estaba en la casa, nos hacía comer como si no lo fuéramos a hacer nunca más, a Charlie eso le encantaba porque él era un pozo sin fondo pero a mi me ponía un poco mal del estomago.
Daba gracias por llevar genética vampira ya que de no ser así, hubiera aumentado muchísimo de peso por todo lo que me hacía comer aquella hormonal mujer que se podía dar el lujo de comer por dos.
-creo que sólo comeré dos Maddie…-
- de ninguna manera…cómetelos todos y si quieres más te sirvo más…-
Fruncí el ceño mientras le daba la primera mordida al waffle.
-debes comer más Isa…yo te veo mas pálida que nunca y me preocupas…deberíamos hacer una cita con el Dr. para que te haga exámenes o algo…quiero asegurarme de que este bien…-
Rodé mis ojos por la constante preocupación innecesaria de Maddie. Ella debía de estar concentrada en estar bien por el bebé, yo podía cuidarme sola en momentos así. No le dije nada pero si le prometí comentarle algo al Dr. Cullen cuando lo viera.
Por la tarde, Edward pasó por mí a casa.
Llegamos con los Cullen, pude ver a Emmet esperándonos en la puerta principal con una expresión de niño en Navidad. En un parpadeo, abrió por mí la puerta del Volvo y me ayudó a salir, un gesto raro tratándose de él ya que a diferencia de Edward, él era un poco tosco.
-buenas tardes, mi querida alumna pecosa…-
-buenas tard…alumna?...- le pregunté alarmada.
Yo ya sabía que algo pretendía enseñarme pero no pensé que fuera en serio. No sabía si Jasper iba a dejar que Emmet me enseñara algo a parte de lo que él me indicaba.
Vi un auto estacionado que no era de ninguno de los Cullen. Estaba apunto de preguntar pero en eso Alice llegó a saludarme como siempre, con esa efusividad característica de ella, así como si fuera la primera vez que me veía.
Creo que de haber sido otra mi personalidad, yo haría lo mismo, ya que Alice se había ganado un lugar muy especial en mi corazón. No sólo era la hermana de Edward, sino que nos habíamos hecho muy buenas amigas, no podía comparar su amistad con la de Ángela o Jessica ya que con ellas no compartía mi naturaleza, por así decirlo. Era una amistad más íntima, una amistad que probablemente duraría muchos, muchísimos años.
La quería como si fuera también mi hermana.
- Bella…qué bueno que llegaste…ven…-
Y me jaló casi desprendiéndome un brazo, llevándome dentro de la enorme casa. Miré a Edward con desconcierto, él sólo hizo una seña para indicarme que le siguiera el juego a Alice. Por el pasillo de entrada, llegó un aroma que no me era familiar, era un olor dulzón, según Jasper esa era la esencia de los vampiros.
Ahora era capaz de decir con certeza que dentro de la casa había un vampiro, y no era ninguno de los Cullen. Entré con la curiosidad de saber quién era esa persona, seguramente el auto de la entrada era suyo.
Pude ver en la sala de estar a Esme, que me lanzó una adorable sonrisa desde el sillón en donde estaba sentada, luego, vi a una rubia hermosa que no era Rosalíe.
Alice se acercó a ellas llevándome aún de la mano, y ambas mujeres se levantaron volviéndose hacía mí. Yo seguía siendo la misma persona rara de siempre así que sólo me limite a sonreírles sin decirles nada más. Esme me saludo de la misma manera que Alice.
La rubia solo estiró una mano para saludarme.
-hola Bella…- dijo tímida aquella chica.
Pude ver al fin los finos rasgos de su rostro: su nariz pequeña y recta, sus labios rosados acentuados por la hermosura usual de la especie. Sus ojos color de la miel, sólo indicaba una cosa, era igual que los Cullen.
Alice me sacó del escrutinio que le hacia a la visitante. Era una lástima, yo nunca sería así de bonita como ella.
-Bella…ella es Kate Denalí…digamos que es nuestra prima…-
Me alarmé al saber que era hermana de Tanya. Seguramente venía a vengarse de la ocasión en que lance a su odiosa hermana por la ventana mientras estaba inconsciente. Si, seguramente era eso.
Genial, otra venganza en contra de Bella.
Aún así, saludé apenada.
-ehh…hola Kate…mucho gusto en conocerte…-
- Kate es un amor Bella…no vas a creer a qué ha venido…-
Por el rostro de Alice, pude ver que en realidad quería que adivinara. Me miraba totalmente emocionada, y a mi, no se me ocurrían ideas más que las de venganza.
-no sé…puede ser que venga de parte de su hermana, tal vez…- dije con miedo
Las tres comenzaron a reír por mi respuesta, yo no le veía lo divertido a mi torpeza mental del momento.
- se puede saber de qué se ríen?...- entró finalmente Edward y me abrazó por detrás.
El toque de sus manos alrededor de mi cintura, hizo que quisiera que todos desaparecieran en ese momento y nos dejaran solos, pero ese no era un momento para pensar en esas cosas. No con una visita, su hermana y su madre frente a nosotros.
-Bella cree que he venido a tomar venganza por parte de Tanya…que no le han dicho a qué he venido?...- dijo Kate con una sonrisa.
-no…queríamos que fuera una sorpresa, pero ya que están aquí las involucradas…dile Edward…no, no, mejor le digo yo…Bella…- Alice respiro profundo, como si en realidad lo necesitara – Jasper y todos nosotros creemos que es hora de llegar a tu siguiente nivel de entrenamiento…-
Miré a Edward confundida, reflexionando las palabras de Alice. Siguiente nivel de entrenamiento retumbó en mi mente hasta que comprendí totalmente.
Mierda grite internamente. No estaba preparada para esas cosas raras que hacían los vampiros. Es decir, respetaba y admiraba totalmente las habilidades de Edward de correr como el viento, romper piedras con las manos y todo eso, pero sabía que yo no era capaz de hacer cosas de esa magnitud.
Jasper con la ayuda de Edward, se habían encargado de enseñarme lo básico nada más. Gracias a ellos ahora mi sentido del olfato era más agudo, tanto que incluso a veces me sentía como un perro sabueso, olfateando a la gente para ver qué acaban de comer o hacer. Esa nueva habilidad me ayudó a desenmascarar a Charlie que había comenzado a fumar de nuevo, o a percibir que el profesor McCartney se había estado besuqueando con la Srita. Jones en el cuarto del conserje - apestaba a su perfume de catalogo-.
En fin, era una habilidad interesante.
También mi vista era distinta, era como si alguien me hubiera puesto gafas después de estar años sin ellas. Las personas lucían raras para mí ahora; mi familia y amigos parecían más vividos que nunca: a Maddie y a mi padre, se le hacían unas arrugas enormes cada que se reían de algo, nunca me había dado cuenta de eso. Jessica no era tan bonita en realidad, y Ángela al contrarío, parecía más fresca y hermosa que Jessica.
Por otro lado, los Cullen habían perdido de cierta forma aquel encanto fuera de este mundo. Seguían siendo realmente hermosos, pero al menos yo, ya no los veía como si una luz estuviera detrás de ellos iluminando sus movimientos. Ante mis ojos, parecían normales, aunque claro, nunca tan normales como yo, que cada día me veía más deteriorada por el maldito stress.
Tan débil como me sentía, no creía posible poder convertirme en la súper híbrida de última generación que se supone tenía que hacer, pero haría el esfuerzo. Además, tener otras habilidades no estaba tan mal: sería genial correr al lado de Edward como el viento.
-emocionada?...- susurró Edward pasándome una mano en frente para que reaccionara.
-emm…si, será genial que Kate me enseñe a correr y a convertir a las piedras en polvo…-
Kate se acercó a mí mirándome con sorpresa.
-crees que yo te voy a enseñar esas cosas?...no creo yo ser la indicada para eso, pero si para ayudarte a desarrollar tu escudo Bella…-
Entonces de eso se trataba: el escudo. Suspiré de alivio ante las palabras de la rubia Kate, al menos no tendría que correr como loca por el bosque luciendo como toda una tortuga al lado de todos ellos.
Pasamos algunas horas charlando con ella, relatándole cómo había sido aquel doloroso y raro proceso en el cual me convertí en lo que era. Kate escuchaba atenta, como cuando vas a ver a un doctor y pone la máxima atención a tus síntomas, parecía que me estaba diagnosticando algo.
Llegamos a la parte en la cual había lanzado a Tanya por la ventana. Me puse como un tomate cuando Edward narraba aquella parte. Por un momento pensé que esa no era mi culpa, es decir, yo estaba inconciente, además Tanya se lo había buscado, según Edward me estaba molestando cuando eso ocurrió.
- si, así es Tanya…si no consigue lo que quiere se pone muy…fastidiosa, lo sabré yo después de ser hermanas durante mucho tiempo…-
A pesar de que sólo había visto a Tanya una vez en mi vida, podía asegurar que ellas dos eran completamente diferentes. Kate era sin duda más calida en su carácter que Tanya.
Por la sala, Emmet daba vueltas como un león, buscando no sé qué. Iba y regresaba, suspiraba, se paraba y luego se volvía a ir.
-mmm…su charla sobre Tanya es sin duda muy interesante…y creo que el punto al que quieren llegar es que es una arpía… ehh perdón Kate, pero Bella no necesita escuchar eso cuando a fuera hay miles de cosas por hacer…- dijo Emmet
Me levantó como si fuera yo una pluma y me llevó afuera, en donde llegaban Jasper y Rosalíe de cazar.
-Emmet…no piensas hacer lo que creo que estas pensando verdad?...- dijo Rosalíe.
Se acercó a su esposo y lo jalo de la playera. Parecía como si estuviera regañando a su hijo, no a su cónyuge. De hecho, creo que aún no me acostumbraba a escuchar que todos en esa casa estaban casados: Alice tan pequeña y delicada, estaba casada con Jasper rígido y a veces muy irritable; Rosalíe y Emmet, bueno, ellos si parecían una pareja de recién casados en ocasiones, de hecho cuando se enteraron de que el cuarto del conserje era un lugar seguro para besarse, decidieron hacer de aquel lugar su rincón secreto.
-pero Rose…prometo que no pasará nada…Jazz, hermano, tú me apoyas verdad?...- dijo con ojos de cachorro.
-mejor pregúntale a Bella Emmet…si quiere hacerlo, entonces adelante…-
Ahora todos afuera me miraban expectantes y yo aún ni siquiera sabia de qué estaban hablando. Parecía como si estuviera a punto de amputarme la pierna y todos querían saber qué opinaba.
-pero…primero díganme de qué se trata…qué se supone que tengo que hacer Emmet…-
-esta bien…-
Escuché una carcajada mientras Emmet me lanzaba a su espalda rapidísimo y luego corría hacía el bosque. Hubiera sido más divertido si no hubiera hecho eso ya con Edward un montón de veces pero no quise decirle nada al emocionado Emmet.
Pero luego, él le dio un giro a aquel paseo. Se detuvo frente a un enorme árbol con ramas por doquier y comenzó a escalarlo como si fuera un simio. Por poco y caigo pero logre aferrarme a su enorme espalda. Llegamos casi a la copa del árbol y sin más me colocó sobre una rama. Estaba que me moría de miedo, suplicando que Edward viniera como el príncipe azul que era a rescatarme de las locuras de Emmet, pero no había rastro de él por ningún lado.
Vaya novio!! Pensé mientras me tambaleaba en la rama.
-qué demonios hacemos acá arriba Emmet?...en serio, si muero, mi fantasma vendrá a acecharte…-
El vértigo se apoderaba de mi, tanto que casi no sentía que el hambre corroía mi estomago. Emmet estaba perfectamente parado en la rama, como si fuera cualquier superficie plana.
-no será necesario" pecas"…porque yo, Emmet Cullen te enseñaré como trepar árboles tan hábilmente como yo…-
Se veía tan orgulloso por lo que acababa de decir, su pecho inflado y su dedo índice en el aire mientras decía aquello, casi me dan ganas de echarme a reír. Probablemente, de haberlo hecho, hubiera caído y Emmet no me hubiera ayudado por haberme burlado de él.
-trepar árboles?...eso es lo que quieres enseñarme?...- me aferré a una rama con más fuerzas, la risa estaba a punto de estallar.
Se lanzó al árbol continuo, dejándome sola en la rama, eso ya no era divertido. Aunque luego me puse a pensar que después de todo yo ya no era tan torpe como antes, y agradecía a Dios que Jasper hubiera trabajado conmigo en ese aspecto. Era más rápida cuando en verdad me lo proponía, y la verdad es que después de todo, trepar árboles con Emmet sonaba divertido.
-esta bien…dejaré que me enseñes pero sólo contéstame una cosa…de qué me va a servir aprender esto?...-
Emmet se quedó pensativo, parecía que repasaba la pregunta una y otra vez, se sentó en su rama mirándome con odio. Creo que no sabía qué responderme hasta que finalmente volvió a parase y casi pude ver un foco prendiéndose en su cabeza.
-ehh…no sé para que demonios sirve "pecas", pero te aseguro que se ve cool…- dijo aquello con una inocencia que daba risa.
No pude evitar soltar tremenda carcajada y casi me quedo sin aliento. Emmet al parecer solo quería ayudar pero la verdad esta vez se había pasado, ponerme arriba de un pino enorme no era mi definición de cool si me preguntan. Aún seguía riendo, tanto que mis ojos comenzaron a llorar, y el pobre de Emmet sólo me miraba confundido.
-perdón, perdón!!...es que me pareció divertido…pero bueno, comencemos con la primera lección…- le dije a modo de disculpa
-ok…lo primero que tienes que hacer es tratar de mantener tu equilibrio, así como yo…- comenzó a caminar en la rama.
Era obvio que en la primera clase no iba a lograrlo, ni loca iba a hacer aquello porque pues para Emmet era pan comido pero para mí no.
-lo siento Emmet…no voy a hacer eso hoy…mejor te veo como lo haces y ya luego lo practico a unos cuantos metros de distancia del suelo…-
-no "pecas"…así como obedeces a Jasper, lo tienes que hacer conmigo…anda, suéltate…no te va a pasar nada si das unos cuantos pasos sin agarrarte…-
Creí que tenía razón, así que despacio me solté de la rama. Di dos pasos sin problemas sintiéndome de lo mejor, preguntándome cuántas personas humanas podrían hacer aquello.
-lo ves!!...no pasa nada…-
-si…tenías razón…no pasa nad…-
Mi torpe pie resbaló sin darme tiempo siquiera reaccionar, estaba cayendo y pude ver que Emmet no reaccionó tan rápido como debía. Era mi fin, por segunda vez en aquel día, por cuarta vez en mi vida. Ahora sí iba a morir, pero esta vez aplastada como un trozo de plastilina.
Fue tan lento otra vez aquel momento. Miles de cuestiones pasaron por mi mente mientras caía.
Haría algún ruido al caer?
Emmet le diría a alguien que fue mi culpa?
Había posibilidades de que por ser una hibrida mis huesos fueran resistentes a las caídas?
Alice se encargaría de que mi funeral fuera tan glamoroso como en el video de aquel grupo de rock?
Cuánto tiempo esperaría Edward para volver a tener otra novia?
Esa última pregunta me hizo por fin echar un gritito, es decir, me lo debía, estaba apunto de morir. Cerré los ojos cuando pude ver el suelo, iba a tocar suelo pero eso no sucedió.
-MIERDA!!...- grité a todo pulmón
De golpe caí encima de algo duro y frió, al abrir los ojos, lo vi.
Era Edward que me miraba con una expresión de alivio. De nuevo, había sido mi salvador, mi redimido príncipe azul salvándome nuevamente de la muerte. Nos caímos al suelo por la inercia del golpe.
-chicos!!...están bien?...- era Emmet que al fin había reaccionado y probablemente había bajado para ver mis sesos esparcidos por el bosque.
Estaba atónita, mi respiración estaba tan alterada que el pecho me dolía, creo que había escuchado que así se sentía cuando te iba a dar un ataque al corazón.
-amor…estas bien?...- dijo Edward haciéndome que lo viera a los ojos.
Todo se me olvido cuando lo escuché que me dijo amor. Sus ojos casi amarillos por la preocupación me hicieron preguntarle algo.
-Edward…si muero, cuanto tiempo esperarías para tener otra novia?...-
-qué?...-
-contesta…- le exigí
-por Dios Bella!!...estuviste a punto de morir y sólo quieres saber eso?...- Edward parecía muy enojado
-me parece una pregunta justa hermano…contéstale a la pecosa…-
Edward se levanto sumamente enojado, quedándose rápido frente a Emmet.
-tu mejor ni hables Emmet…por tu culpa casi pasa algo horrible!!...quién sabe cuánto tiempo le hubiera tomado a Bella recuperarse de la caída…eres un irrespon…-
-recuperarme?...osea que no hubiera muerto si caía?...- le interrumpí
Edward no dijo nada si no que simplemente me tomó en sus brazos y comenzó a caminar nuevamente hacía la casa, un alivio para mi porque sentía mis pies como fideos por el susto. Emmet caminaba nuestro lado diciendo mil veces que lo disculpara, y yo las mil veces le dije que no tenía porqué, que ya lo había olvidado.
Edward no nos dirigió la palabra dentro de la casa, mucho menos a Emmet que estaba contando a la familia lo genial que había sido todo. Cuando ya estaba más tranquila yo también pensé que había sido divertido, muy extremo, pero divertido al fin.
Me llevó a mi casa y luego por la noche cuando me fue a visitar, aún seguía igual de molesto, tanto que casi me recordó a cuando nos conocimos.
Me sentí culpable por sentirme bien cuando Edward estaba que echaba humo. Sé que estaba preocupado por mí pero todo había pasado ya, estaba bien y él seguía aprensivo por el tema.
-sigues enojado?...- me levanté de la cama y me senté en su regazo, estábamos en la silla al lado de la ventana
-no estoy enojado, es sólo que sentí mucho miedo...pensé que te perdía Bella…-
-pero nada pasó…ves?...estoy completa…-
-lo sé…pero imagínate si no hubiera llegado a tiempo?...creo que me hubiera vuelto completamente loco sin ti, sin tu perfume, tu presencia, sin tus besos…entiende que te amo y que ya no concibo la existencia sin ti…-
Edward me abrazó como yo lo había hecho con él por la mañana, hundiendo su cabeza en mi pecho. No pude evitar sentir cierta sensación rara cuando lo hizo. Mi corazón comenzó a latir con el mismo frenesí de siempre, mi respiración comenzó a acelerarse y yo sólo quería una cosa: besarlo.
Levanté su rostro por la barbilla y lo miré fijamente. Al ver todas las facciones de su rostro, volví a maravillarme con él. Era tan perfecto que aún no me acostumbraba al hecho de que Edward fuera mi novio, mío y nada más. Observe sus labios y no podía creer que estaba a punto de besarlos.
Me acerqué a él y antes que nuestras bocas se tocaran, le susurré te amo.
Edward me tomó por la cintura mientras nos besábamos. Fue al principio muy tierno, con cada movimiento, era como si confesáramos que necesitábamos estar así para sobrevivir. Yo revolvía su cabello suave entre mis manos haciendo aquella sensación más celestial.
Casi siempre teníamos que parar un momento para que yo y mi mitad humana tomáramos un poco de aire, pero esta vez me negué a hacerlo. No necesitaba más aire que la dulce respiración entrecortada de Edward dentro de mi boca.
Con la decisión de no parar, comencé a besarlo con otro ritmo, el ritmo que mi cuerpo me ordenaba. Deseaba como fundirme con él para siempre, tenerlo lo más cerca posible de mí. Edward me respondió de la misma forma acariciando los costados de mi cuerpo con sus manos frías, acción que me sorprendió porque normalmente él era muy reservado. Me levantó con cuidado de la silla sin dejar de besarme y se sentó en la cama.
Mi cerebro dio un click cuando Edward se recostó con cuidado sobre mí aún acariciándome. Situaciones así pasaban todo el tiempo en las películas y sólo tenían un resultado: sexo.
Ya había reflexionado acerca de ese tema anteriormente y aunque sabía la respuesta, no sabía si estaba preparada en ese momento. No lo pensaba por el lado de dejar mi pobre virginidad preciada con Edward después de sólo algunas semanas de noviazgo sino por el lado de que ese no era un momento tan especial: yo tenía puestos mis pantalones viejos de dormir nada atractivos, mis padres estaban en el cuarto de enfrente, yo lucía horrenda y aparte no tenía ni idea de qué demonios se tenía qué hacer en esos casos.
Fue en ese instante, cuando necesite el aire, separándome de Edward de inmediato.
Pedía a horcadas el aire haciendo un ruido exageradamente alto, haciendo que Charlie se despertara.
-Bells?...- se escucharon los pasos de Charlie hacia mi cuarto
- tu papá…viene para tu cuarto!!...-
-vete…-le dije con la garganta cerrada, sin poder respirar
-pero tú…estas mal Bella…- dijo Edward tratando de ayudarme
Le hice señas como pude para que se fuera por la ventana, pero era demasiado tarde, Charlie estaba abriendo la puerta de mi cuarto.

Estaba preparada para escuchar los plomazos salir de mi cuarto.

                                                                CAPITULO 2
En el Centro del Universo

-Bells?...que pasa?...- dijo mi padre asustado
Cuando entró, cerré los ojos para no ver su cara de sorpresa al ver a Edward en mi cuarto, aunque claro, él se las había arreglado para en una décima de segundo, levantar mi cama y meterse debajo de ella.
Seguía tosiendo tratando de retener el aire dentro de mí, eso me había ganado por pasarme de la raya con mis padres en la habitación de en frente. Seguramente Edward debió de haber pensado que era una torpe, de aquí en adelante habría cero demostraciones románticas para la tonta Bella humana que se rehúsa a respirar.
Charlie se quedó sentado a mi lado mientras mi respiración iba mejorando, y cuando al fin pude hablar lo tranquilicé.
-es que tuve una pesadilla papá…no se qué me dio…-
Charlie me pasó su mano por la frente y las mejillas completamente alarmado.
-Dios Bella!!...estas ardiendo!!...debemos llevarte al hospital...-
Si mi padre hubiera sabido la razón por la cual estaba "ardiendo", creo que me hubiera puesto de patitas en la calle, incluso creo que pude escuchar cómo Edward se reía bajito.
-no…no es necesario!!...te digo que es sólo por el sueño papá, no te preocupes…mejor ya vamos a dormir…-
-segura?...-
Solo asentí con la cabeza, gesto que Charlie tomó por un sí, aunque por la forma en que frunció el bigote, supe que no estaba muy de acuerdo. Me dio las buenas noches y se retiró a su cuarto. Me levanté detrás de él para cerrar la puerta con cerrojo y al dar la vuelta, pude ver a Edward recostado en mi cama, luciendo una sonrisa enorme, era la viva imagen de la tranquilidad.
-eso estuvo cerca no?...-
-si, Charlie casi te ve…- dije mientras me recostaba a su lado.
-si…también eso estuvo muy cerca…-
El calor subió nuevamente a mis mejillas, Edward estaba hablando de lo que estábamos haciendo. Me abrazó y me aferré fuertemente a él.
-si…lo siento, es que me deje llevar por el momento…-
-no…yo lo siento más y agradezco que tu padre haya llegado…aún no sé cuanto autocontrol puedo llegar a tener contigo Bella…aunque para ser sinceros, el deseo de sangre no era el único que recorría mi mente en esos momentos…-
El escuchar que Edward me deseaba y no solo como comida, me hizo sentir maravillosa, aunque la verdad me daba algo de vergüenza escuchar aquello. Simplemente, un silencio un poco incómodo se apoderó del cuarto, es decir, qué le iba a decir?: si Edward, a mi también me dieron ganas de lanzarme encima de ti, pero qué le íbamos a hacer.
Edward interpretó el silencio de la mejor manera y sólo me dio un beso en el cabello. Me miró de una forma rara, creo que nunca lo había hecho de esa manera, incluso en la obscuridad pude ver que sus ojos ahora estaban obscuros como el carbón. Supuse que aquella escena le había dado algo de hambre.
-buenas noches Edward…-
-buenas noches Bella…por cierto, creo que mañana no nos veremos….tengo que ir a cazar…-
Si, eso comprobaba mi teoría.
Mientras me quedaba dormida en los brazos de Edward, pude sentir que sacó un libro para leer en toda la noche. Me dormí escuchando a Edward susurrar sonetos de Benedetti en mi oído.
La cosa más romántica del mundo si me preguntan.
A la mañana siguiente, desperté sola en mi cama con una nota en mi mesita de noche, era de parte de Edward.
Bella:
Evítame la pena de tener que pasar el resto de mi existencia solo…por favor, cuídate mucho y si alguien te invita a trepar árboles, declina la invitación vale?...
Te amo
Edward
Suspiré al leerla una y otra vez. Edward era sin duda perfecto con P mayúscula, además, su nota contestaba la pregunta que yo le había hecho. Me arreglé y baje a desayunar feliz, enamorada, radiante, o bueno, al menos por dentro porque por fuera, me veía terrible. Nuevamente era mi propia versión de Día de Brujas.
Charlie y Maddie me trataron como si estuviera enferma durante el desayuno: me servían más jugo, me preguntaban si podía respirar normalmente y hasta se ofrecieron a llevarme al hospital a consulta.
-en serio chicos….estoy bien, es sólo que como que se me atragantó la saliva en la noche… eso es todo…-
Por más que les dije aquello no entendieron. Se suponía que por la tarde yo iba a lavar la ropa de la casa, pero Charlie incluso se ofreció a lavarla por mí antes de que se fueran a La Push a ver a Billy.
-deberías de venir con nosotros Bells…Harry y Sue harán su famoso pescado frito…anda, ven con nosotros, seguro que podrás hablar con Jacob…-
-dale con Jacob…ya te dije que esta bravo conmigo y ni siquiera sé la razón…que se las arregle solo si solo se enojo…-
-pero hija…han sido amigos desde hace mucho tiempo…no sientes si quiera un poco de remordimiento por estar alejada de él?...- dijo Charlie dando en el clavo
Tal vez si me sentía mal por toda la situación de tensión entre Jacob y yo, así que por eso, justo cuando el coche patrulla arrancaba, decidí irme con ellos a La Push. Pensé que tal vez, esa sería buena oportunidad para hablar con Jacob, al fin.
Llegamos a la casita de los Black en la reserva.
Había un escándalo ya que estaban los amigos de toda la vida de Charlie. Los Clearwather estaban ataviados haciendo su famoso pescado, Maddie les estaba ayudando a pesar de que ellos insistían en que no. Charlie y Billy estaban emocionados viendo un partido de futbol americano.
Era un típico fin de semana en La Push.
Mientras todos estaban en sus cosas, yo estaba afuera jugando con Seth Clearwather al tiro al blanco: Seth corría y yo trataba de darle con el balón, suena algo bárbaro pero era divertido, desde que éramos niños Jacob y yo jugábamos así con Seth, que en ese entonces era un niñito.
Extrañaba el ambiente de La Push, pero más extrañaba a Jacob y sus ocurrencias, el tiro al blanco era un juego de su autoría y no era lo mismo sin él. Pensaba en todas las cosas que pasamos juntos y la sola idea de alejarme de él me producía escalofríos.
Estuvimos así un rato, hasta que Jacob apareció con Leah, la hermana de Seth, de inmediato me acerqué a él, ante la mirada asesina de su acompañante.
Quede prácticamente en shock, incluso en un principio no pensé que fuera ese mi amigo.
Jacob estaba totalmente distinto, más enorme de lo que recordaba: sus brazos eran casi del grueso de mi cintura, sus facciones se habían vuelto mucho más fuertes y sobre todo, había cortado su hermosa melena negra al igual que Leah. Al verlos, supuse de inmediato que se habían unido a algún culto raro.
Mientras caminaba hacia él, pude ver que Leah le susurró algo casi imperceptible a Jacob, apesta dijo despectivamente. Disimuladamente olí mi cabello, no era la primera vez que me pasaba. Era obvio que se refería al hecho de que yo estaba con Edward, eso si que era ridículo, habían llevado su leyendas muy lejos.
-hola Jake…podemos hablar?...-
Leah pareció bufar mientras se metía a la casa, dándole un golpe amistoso a su hermano.
Jacob asintió con la cabeza y nos dirigimos para el patio trasero, al gran garaje rojo detrás de la casa. Pude ver como todos se asomaban a la ventana ante aquel hecho raro de que estuviéramos a punto de hablar por fin. Llegamos al garaje, Jacob hizo una especie de ademán para que hablara.
-bueno…mmm, cómo has estado?...-
- bien, he estado muy bien…qué quieres Bella?...- dijo de manera muy golpeada con una voz más gruesa de lo normal.
Nunca me esperé esa reacción de su parte, tan fría y tan dura conmigo. En aquel momento me entraron ganas de llorar, alguien se había llevado a mi mejor amigo. Sabía que las cosas entre nosotros no estaban bien, pero ahora era más que obvio.
- no tienes que comportarte así Jake…sólo quiero que las cosas vuelvan a ser igual que antes, eso es todo…-
-sabes que no puede ser así… las cosas son diferentes ahora…-
-pero eso no es cierto…el hecho de este con una persona no cambia las cosas, además, tú también estas con Leah…y yo no le veo nada de malo…-
- pero tú estas con Cullen…y él es…tú sabes cuál es mi situación con él Bella…-
Sabía que Jacob no me iba a soltar nada que tuviera que ver con Edward. Por razones obvias, él no iba a decirme que Edward era un vampiro, su enemigo natural por alguna razón antigua que no conocía, aunque yo quería asegurarle que todo era una simple leyenda.
- si, yo lo sé…pero Jake…tú mismo lo dijiste el otro día…esas son sólo leyendas y ya, cuentos de terror solamente…no es como si tú en serio descendieras de los lobos o si?...-
Jacob volteó a verme alarmado, de la misma manera en que lo hizo Edward cuando descubrí lo que era. Sólo pude ver algo en los ojos de Jacob: la verdad.
Había sido una estúpida, me había pasado ya dos veces y no me había dado cuenta. Era obvio, las señales estaban allí. En un principio, yo no creía que fuera posible la existencia de los vampiros y sin embargo existían, yo incluso era una de ellos. Si ese hecho era verdad, entonces lo que le acababa de decir a Jacob no estaba tan lejos de la realidad, él si descendía de alguna manera de los lobos.
Jacob respiraba profundamente, se veía claramente alterado, como a punto de explotar.
- por Dios Jake!!...entonces tú…eres así como…-
- cállate…ni siquiera lo digas Bella!!...-
Aquella actitud violenta, me confirmo aquello.
Aún así, me acerqué a él lentamente, lo toqué en señal de que lo comprendía a pesar de todo pero su piel estaba ardiendo, como si hubiera estado dentro de una sauna durante mucho tiempo. Todo lo contrario a Edward.
A mi no me importaba que Jacob fuera lo que fuera, él era mi amigo y estaba dispuesta aceptarlo como fuera. En este punto de mi vida, ya nada me asombraba, mucho menos eso que él tuviera algo que ver con los lobos.
-créeme Jake…eso no tiene nada que ver con nuestra amistad…a mi no me importa que tú seas lo que seas…-
-no…por supuesto que no te importa!!...y menos con el novio que tienes no crees?...ugh!!, incluso apestas a él…- dijo de la misma forma despectiva que Leah
Me dolieron mucho sus palabras, parecía como si yo fuera otra persona y la verdad no merecía tanto desprecio. No pude siquiera imaginar lo que hubiera dicho Jacob si le contaba lo de mi origen. Me sentí muy decepcionada por su actitud, yo siempre creí que podía contar con él para todo, incluso al principio me hacía mucha ilusión contarle lo que sentía por Edward, así como él me contó una vez de Leah.
Pero eso nunca fue posible, no con Jacob y por eso, las lágrimas comenzaron a salir por borbotones.
-sabes Jake?...me apena mucho que te dejes llevar por cosas absurdas y sin sentido como las famosas peleas entre clanes o como sea…yo hubiera sido feliz si tú me hubieras escuchado en los momentos en que más te necesitaba, en los que le quería decir a mi mejor amigo que me había enamorado por primera vez…que no recuerdas que yo siempre estuve para ti?...Edward será lo que sea, pero si te puedo decir que al menos él es más racional que tú…-
Me tomó del brazo y lo apretó con una fuerza que no era normal.
- qué no ves?...en tu mundo real…- hizo una pausa - para ti las leyendas son sólo eso, pero para mí, las cosas son distintas…estoy a punto de cambiar y de convertirme en algo que no quiero…por eso lo odio, porque por la culpa de tu noviecito, mi destino ha cambiado, así que allí tienes…de eso querías hablar no?...-
- créeme…tú no eres el único que ha pasado por cosas difíciles o el único que ha sufrido cambios…pero anda!!...sigue jugando tu papel de victima y culpa a los demás por tus desgracias, sólo espero que Leah sepa quererte y que tus leyendas te ayuden cuando no tengas a nadie, porque si sigues así, te quedaras solo…yo pensé que eras otra clase de persona, pero no…sigues y serás siendo un cabezota!!...-
Estaba en ceros pero aún así me solté muy enojada de su ardiente agarre. Salí del garaje dejando a un confundido Jacob. Mientras caminaba para la casa, con lágrimas en los ojos, comencé a pensar en todo la que había dicho Jacob con respecto a Edward, a que había cambiado, en fin. Entré a la casa furiosa y fui directo con Charlie y Maddie.
- me voy…tomaré el autobús a casa…buenas tardes a todos…-
-pero Bella…espera…- escuché a Billy hablar detrás de mi, pero no me paré a escucharlo.
Tarde en llegar a Forks más de media hora, tiempo en el que no paré de llorar por la situación con Jacob, no podía creer la frialdad de sus palabras. Analizando bien las cosas, él y yo teníamos más en común que antes, y sin embargo, al parecer éramos ahora enemigos. Llegué al centro de Forks y tuve que caminar unas cuantas cuadras antes de llegar a casa.
Me sorprendí al ver el Volvo de Edward estacionado fuera de mi casa, así que corrí para llegar al encuentro, pero pude ver que no era él el que estaba en el porche esperando.
Era Alice.
-Alice?...qué haces por acá?...-
Se paró de inmediato y me abrazó.
-vi que venias en el autobús así…tenía qué averiguar si estabas bien…qué paso?-
-bueno…gracias a Dios que ya lo sabes todo, no quiero hablar más de eso…es que la verdad, no crees que Jacob se portó muy mal conmigo?...estoy destrozada porque hemos sido amig…- fui interrumpida sólo por la expresión facial de Alice – ahora qué te pasa?...pensé que la que estaba mal era yo…- dije limpiándome una lágrima
- ahh!!, todo es por Jacob?...no lo sabía- se rascó su cabecita un poco nerviosa – es que, no puedo ver nada de lo que pasa en La Push…ya sabes, por el tratado…pero cuéntame Bella, qué te hizo ese amigo tuyo?- dijo mientras nos sentábamos en el porche.
Eso si que era raro. Yo pensaba que las visiones de Alice eran omnipotentes, pero al parecer no era así, por desgracia tuve que contarle con lujo de detalles mi discusión con Jacob.
-eso te dijo?...Dios!!, pero ese chico si que es insensible…como si tu tuvieras la culpa de que él fuera el perro que es…bueno, técnicamente si la tienes…- se cruzo de brazos haciendo un puchero.
-queeé?...cómo que técnicamente la tengo?...-
-bueno, no me creas todo…yo no sé mucho de los hombres lobos porque cuando el tratado sucedió ni Jasper ni yo habíamos llegado a la familia y la verdad…-
-hombres lobo?...no…esto si es demasiado…- la interrumpí
Faltó poco para que me pusiera a llorar nuevamente como un ovillo a punto de morir. Ahora faltaba que viniera Emmet y me dijera que era hijo de un maldito unicornio.
-que no lo sabías?...ay Bella, en verdad que si sigues siendo muy inocente…lo dijo Esme una vez y siempre lo serás…si que es sabia esa pequeña mujer…-
Me puse a llorar un poco, no podía creer que Jacob era un hombre lobo, o al menos eso le había entendido a Alice. Seguí preguntándole a cerca de todo el tema, pero de nuevo me dijo que ella no sabía nada. Era obvio que Edward sabía todo pero no iba a preguntárselo, de hecho a él no le caía del todo bien Jacob. Así que sólo tenía una opción viable pero no sabía si podía ser igual de confiable: Emmet, pero eso lo dejaba para otro día.
Comenzó a llover y entré a la casa con Alice. Como yo no quería hablar más de Jacob por el simple hecho de que no comprendía la mitad de la situación, Alice sacó otro tema: la organización de la boda de mis padres y por supuesto, el nacimiento de Jack.
Estaba dispuesta a organizar y pagar la boda ella misma. Incluso mencionó que estaba trabajando en un álbum para mostrarle a Maddie todas las actividades que había planeado para el evento. En cuanto a lo del bebé, ya estaba planeando llamar a no se cuál pintor para dibujar ángeles de Botticelli en el techo de su cuarto y en esos días iba a ir a Seattle a comprar la colección entera de Baby Einstein, dijo que no permitiría que Jack tuviera el coeficiente intelectual de Emmet.
Al menos pensar en esas cosas me ponía de buen humor.
Alice estuvo conmigo hasta la noche y se fue cuando llegaron mis padres, ellos estaban muy confundidos por la que había pasado en La Push aquella tarde. No quise ni pude explicarles nada, no debía entrar en detalles fantásticos que incluyeran vampiros, hombres lobos e híbridos vampíricos
Por la noche, sólo deseaba ver a Edward, eso me haría sentir mucho mejor, pero él no se apareció en toda la noche. Es decir, no era como si no pudiera vivir sin él, pero la verdad es que escuchar su voz susurrarme poemas de amor durante toda la noche, era realmente sublime. Al menos eso me hubiera hecho sentirme mucho mejor.
De todos modos, esa noche podría dormir como cualquier adolescente normal de mi edad, sin mi novio metido en mi cama a altas horas de la madrugada. Si Charlie lo hubiera sabido, seguramente estaría muy orgulloso de mí, en una rara manera.
A la mañana siguiente cuando llegué al estacionamiento de la escuela, pude ver el Volvo de Edward, eso significaba que él ya estaba dentro. No pude evitar dibujar una sonrisa al pensar que lo vería al fin.
En los pasillos, me encontré con Jessica y Ángela que estaban platicando acerca de su fin de semana, no dudaron en preguntarme acerca del mío. Sólo pude compartir con ellas que me había peleado con Jacob y que el sábado había estado jugando Monopoly con los Cullen, ellas nunca se enterarían que jugué a la caída libre con Emmet jamás. Insistieron en que tenía que ir con ellas al boliche de Port Ángeles, era buena idea ya que últimamente estaba pasando mucho tiempo con los Cullen y me había olvidado un poco de ellas.
Las primeras clases me parecieron eternas, sobre todo sin saber nada de Edward, aunque debo admitir que yo le había pedido que las cosas estuvieran relajadas en la escuela, sobretodo porque luego de que todos supieran que salía con él, me convertí en enemiga pública de la preparatoria de Forks. Pero eso no evitaba que extrañara estar cerca de él, tan sólo eso pedía ahora e incluso antes de todo esto.
Llegó la esperada hora del almuerzo. Tomé de la barra de comida cualquier cosa que se me antojó en aquel momento, a pesar de que había desayunado bien, tenía muchísima hambre, pero la verdad es que ya tenía días así.
-vas a alimentar a un ejercito?...- escuché a Edward detrás de mí
-esto?...mmm, no…es solo que tengo hambre, pero supongo que después de tu viaje de ayer tú no verdad?...-
Me lanzó una hermosa sonrisa y me quitó la charola de las manos, nos dirigimos afuera en donde las mesas estaban vacías. El clima era maravilloso, estaba frío pero no había humedad ni esa sensación de bochorno, era un día perfecto para almorzar a solas con Edward en el patio.
-cómo te fue ayer?...alguna novedad?...- me preguntó despedazando una dona
-me fue bien…no tan bien como hubiera querido pero ya estoy mejor…me cambió el humor ahora que estas conmigo…-
- a mi también, créeme…sobre todo después de enterarme de lo que pasó con Jacob…- pude ver cómo Alice se asomaba por la ventana de la cafetería – no culpes a Alice, si me enteré fue mi culpa…sólo quiero saber si ya estas mejor…-
El perfecto Edward siempre preocupado por mí, por lo que me pasaba, aunque en el fondo sabía que estaba furioso por la actitud de Jacob hacía mí. No pude estar enojada con nada ni con nadie en ese instante, sólo me importaba Edward en aquel momento.
-si…ya sabes, soy una chica fuerte…además, ni siquiera me puedo imaginar que hará Jacob cuando se entere de todo acerca de mí…por eso prefiero estar alejada de La Push lo más que se pueda…-
-sabía elección…- se acercó a unos cuantos centímetros de mi rostro, lanzándome su gélido aliento – sabes? Creo que deberíamos saltarnos biología y lo que queda de las clases…-
Su sonrisa picara hizo que me sonrojara muchísimo, me estaba pidiendo que me escapara con él en un acto irresponsable de rebeldía en contra de nuestro querido sistema escolar. Al diablo todo me dije internamente, aunque no sabía cuáles eran sus planes, ni porque nos íbamos a escapar así como así.
-pero Edward…tú sabes que voy mal en biología, el Sr. Banner me quiere reprobar, no he entregado bien mis reportes y…- me tomó de la barbilla, mis mejillas comenzaron a arder
-yo te daré clases personales, no te preocupes…además, no quieres que juntos nos comamos a toda la clase entera o si?...-
Su juego de palabras aunado a su cínico intento de seducirme me confundió muchísimo. Estaba a punto de decirle que sí, la excusa de que estaba mal en biología era para que no pensara que haría cualquier cosa que él me pidiera, aunque la verdad si haría cualquier cosa que Edward quisiera. Aunque comerme a mi clase así como así, no entraba en mis planes más próximos.
-comérnoslos?...-
- si…Alice acaba de ver que hoy el Sr. Banner tiene planeado hacer pruebas de tipo de sangre…lancetas y sangre fresca no es una buena opción para ti o para mí…así que qué dices?...nos vamos?-
Su argumento me pareció bastante convincente ya que temía mi reacción ante la sangre, no quería que aquello se convirtiera en una chorreante película de terror. Terminé mi almuerzo ante la mirada de Edward que estaba sorprendido por la cantidad de comida que me había engullido, luego esperamos a que todos se dirigieran a los salones para que no nos vieran escapar por el bosque.
Viaje en la espalda de Edward con la firme esperanza de que algún día lo haría a su lado, no encima de él. Luego de una media hora de viaje, llegamos al prado en el lago, al lugar en donde Edward y yo habíamos comenzado nuestra relación. El clima en ese lugar era muy diferente al de Forks, ya que se podía ver el cielo azul entre las pocas nubes, además de que algunos rayos de sol pegaban en el agua del pequeño lago.
El ambiente estaba especiado y el olor a madera húmeda, a tierra mojada combinado con la esencia de Edward inundaba deliciosamente mi nuevo sentido del olfato.
Estaba emocionada ya que si el cielo seguía como estaba, tendría la oportunidad de ver nuevamente la hermosa y brillante piel de Edward.
Sólo una vez había tenido la oportunidad de presenciar tal espectáculo, y había sido una de las cosas más hermosas que había visto en mi vida. Parecía como si millones de diamantes se hubieran incrustado en su piel marmórea, haciéndome envidiarlo un poquito, ya que yo no había heredado aquella característica.
-el agua esta deliciosa…-dijo Edward inclinándose mientras metía una mano en el lago.
Sólo sonreí mientras buscaba con curiosidad algunas flores silvestres, que parecían más hermosas con mis nuevos ojos. Para mí suerte, las nubes poco a poco fueron abriéndose en el cielo, dejando pasar un poco de sol en el lugar en donde estábamos.
De reojo, vi que cada parte descubierta de Edward reflejaba la luz del sol, sólo sentí algo muy hermoso dentro de mí. Más que nada estaba agradecida con la vida, por dejarme estar con Edward, por ser parte de la vida de un ser tan maravilloso.
Edward se miró gracioso unos segundos y no pude evitar acercarme a tocarlo.
-hace mucho que no hacía esto… puedo sentir cómo me cosquillea la piel…- dijo con una sonrisa
- no te soporto…no te basta con ser perfecto…también brillas!!...-
Sonrió de manera adorable, lo que me hizo acercarlo a mi y besar lentamente sus labios que estaban un poco tibios debido a su exposición al sol. Me tomó de la cintura mientras prolongábamos un poco más aquel beso de ensueño, pero Edward tomó sus precauciones y se separó antes de que yo colapsara como aquella noche en mi casa.
Para mi mala suerte, yo seguía siendo mitad humana.
Estaba aún recuperándome del beso, cuando vi que Edward se quitaba su chamarra y la dejaba a un lado, al igual que la sudadera verde que traía debajo, quedándose solo con su ajustada camiseta gris.
-qué haces?...-
- te dije que el agua estaba deliciosa…no debemos desaprovechar el momento no crees?...- se quito los tenis verde militar a juego.
Apenas si pude percibir que se acercó a mi velozmente, me dio un pequeño beso en la comisura de los labios y dio un gran salto hacia el agua que me salpicó de pies a cabeza. Edward estuvo un rato en el agua, no es que me preocupara tanto, sabía que nunca podría ahogarse.
Dentro del agua, se podía ver como si una luz llegara desde el fondo.
Salió a la superficie unos minutos después. No pude evitar pasar un poco los ojos a su playera ajustada a su pecho, agradecí infinitamente que no pudiera leer mis pensamientos.
Su cabello estaba totalmente escurrido frente a su cara, se veía más obscuro y más largo de lo normal, además el agua acentuaba más su sobrenatural brillo. Era como si de repente un ser de perfecto de otro mundo hubiera hecho acto de presencia ante mí, regalándome una verdadera visión angelical. Me quedé sin palabras cuando lo vi, fue una de las tantas ocasiones en que no sabía si era realidad todo o si era un simple sueño.
Su voz de terciopelo me sacó de las dudas, gritándome desde el agua.
- porqué no entras conmigo?...-
-no gracias!!...el agua parece estar helada, no quiero morir de una pulmonía, eso sería aburrido…además, ya no recuerdo cómo nadar…- dije sonrojándome un poco
En un parpadeo, Edward salió del agua y se posó frente a mí escurriendo de mis a cabeza. Aquello me puso muy nerviosa por alguna razón, sobre todo cuando se inclinó y comenzó a quitarme mis cómodos tenis Converse uno por uno. Al terminar, me levantó de la piedra donde estaba sentada y lentamente comenzó a retirarme la cazadora.
Me miraba a los ojos, y yo no traté de hacer nada, ni siquiera negarme. El corazón estaba a punto de salirse de mi pecho, la respiración estaba entrecortada. Seguramente Edward debió de haber pensado que era una ridícula por ponerme así sólo porque me estaba quitando la cazadora.
Pero luego siguió con mi suéter, haciéndome levantar las manos para quitármelo. Cuando lo tuvo en sus manos, lo olió un poco susurrando fresas cuando lo dejo en la piedra.
De repente, así sin más, Edward se sacó la playera mojada y la lanzó a un lado, casi provocándome un ataque cardíaco. Él estaba como si nada hubiera pasado mientras que yo ni siquiera lo quise mirar. Pensé que esas eran las consecuencias de tener un novio tan apuesto.
-odio la sensación de la ropa mojada…ojala que usted no porque ahora Srita. Swan, va a recordar cómo nadar adecuadamente…vamos…- dijo extendiéndome una mano para entrar al agua.
-pero…- fue lo único que pude articular ya que cometí el error de mirar su esculpido torso.
-pero nada…-
Edward me jaló y los dos caímos rápidamente al agua, por un segundo sentí que me hundía como una piedra pero luego Edward me agarró por la cintura, pegándome más a él. En un principio el agua estaba helada, pero en ese momento, en verdad la temperatura fría me estaba ayudando.
Para no quedar como tonta con Edward, me solté un poco y trate de flotar en el agua, estaba muy orgullosa de mi misma.
-pensé que no sabías cómo nadar…tienes los labios morados Bella…mejor salgamos, no quiero que te enfermes…-
-noo!!...estoy bien…- le dije nerviosa mientras se acercaba nuevamente a mi.
-segura?...-
Sólo asentí con la cabeza, entonces, Edward acortó la distancia entre los dos y me besó tímidamente. Estaba gratamente agradecida de que había sido un beso pequeño, sino, no creo que hubiera sido capaz de seguir flotando como lo estaba haciendo. En un momento más relajado, comencé una pequeña guerra de lanzar agua, en realidad me estaba haciendo la divertida ya que hacía años que no nadaba.
Debo de confesar que me estaba divirtiendo muchísimo más que si hubiera ido al resto de las clases.
Nuevamente Edward estaba sonriendo y brillando en aquel lago de mis sueños, sólo pude regocijarme de alegría en aquel momento, de pronto ya no sentí aquella sensación de que estaba a punto de despertar. No recordaba nada acerca de Jacob, ni siquiera de los Vulturi, al contrario, cuando estaba con Edward, mi mundo se reducía sólo a él que me llenaba de amor y alegría.
Estaba allí a su lado, y a pesar de que la situación era completamente bizarra, sólo éramos dos simples adolescentes enamorados, aunque claro ninguno era simple y por supuesto, Edward no era ningún adolescente a sus 108 años.
Estuvimos jugando dentro del lago un rato y luego salimos, Edward no quería que enfermara de una tremenda pulmonía. Él salió primero, con su perfecta parte de arriba totalmente descubierta, me ofreció su ropa para secarme, aún seguía morada por el agua fría. Se acostó y puso sus manos detrás de su cabeza, mientras yo me senté a su lado tratando de exprimir mi ropa.
En realidad la ropa me importaba un comino, lo que deseaba era distraerme con algo, e incluso estuve a punto de tomar un montón de guijarros para lanzarlos al lago en lugar de permanecer al lado de Edward.
Mi novio, el vampiro luminoso semidesnudo, me miró extrañado, no supe que quería decir, pero luego me extendió sus brazos.
-ven…no quieres descansar un poco?...hoy tenemos que ir a mi casa…Kate dijo que hoy comenzarían con la "segunda parte de tu entrenamiento"….- dijo imitando la voz de duende de Alice, algo muy cómico - pero no lo sé…ni siquiera te preguntamos si querías hacerlo…- se sentó a mi lado mirándome preocupado
La verdad no había pensado muy a fondo todo ese asunto. Estaba al tanto de que tenía súper poderes, dones o como sea, pero en realidad yo nunca había tenido intenciones de usarlos y además, no tenía ni idea de cómo utilizarlos.
-supongo que si…creo que será toda una experiencia, además, sino acepto Kate abra venido hasta acá en vano…así que, dadas las circunstancias, es mi deber aprender a ser la súper hibrida de primera generación que se supone que tengo que ser….-
Edward comenzó a reírse tan fuerte que incluso algunas aves salieron despavoridas de entre los árboles.
-en serio que cuando dices eso, no puedo dejar de compararte con el Volvo o con una súper computadora…además lo dices en un tono, mmm…digamos que muy sexy…-
Después de sonrojarme por enésima vez en aquella tarde, me recosté en el pasto, Edward hizo lo mismo a mi lado.
Justo como había dicho Edward, la sensación del sol en la fría piel era rara, de hecho la última vez que el Astro Rey nos había visitado en Forks había sido el día del baile de Bienvenida, el día en que había descubierto muchas verdades acerca de mí.
Recordé que aquel día, había pasado del amor el odio en un segundo, pero no pude mantener ese sentimiento hacía Edward por mucho tiempo. Desde el primer segundo cuando lo vi, Edward me había dado demasiado, me había dado una nueva vida, una en donde era realmente feliz, fuera yo lo que fuera. A partir de que supe que él sentía lo mismo que yo, comencé a creer en mi buena suerte, después de todo si estaba condenada a un destino espeluznante, sabía que valía la pena, al menos había logrado conocer el amor a través de un hombre tan especial como Edward.
Definitivamente, era como si estuviera en el centro del universo, todo daba vueltas a mi alrededor sin importarme nada más que Edward, mi pequeño sol personal.
-en qué piensas?...estas muy callada…-
-en nada…ya sabes, cosas al azar- le mentí – y tú? algo en particular que estés pensando?...-
Se rodó un poco más cerca hacía mi, acercándose peligrosamente a mi rostro, susurrándome a pocos centímetros de mis labios.
-mmm…digamos que si…como siempre, todo el tiempo estoy pensando en ti…- pasó su dedo níveo por mis labios - pienso en el brillo del sol…en que me dan ganas de ser aire para que me respires siempre… no, la verdad no pienso en nada, en nada que no seas tú Bella…-
Lentamente, mientras me llenaba de su dulce aliento, Edward se acercó para atrapar mis labios con los suyos, siempre fríos. Delicadamente, su lengua se abrió paso dentro de mi boca, profundizando el beso de manera sutil. Lo acerqué a mí, atrayéndolo desde sus hombros desnudos, haciendo casi que quedara encima de mí. Edward paró un momento, acariciando mi cabello y mi rostro.
-te amo Edward…- suspiré casi en automático – total e irrevocablemente…-
- yo también te amo… hoy y siempre –
En esta ocasión fui yo la que robó sus labios, debía aprovechar el momento. Sabía que faltaba poco para regresar a Forks, para regresar de nuevo al mundo real en donde no estaríamos solos, en un momento tan perfecto como este.
Solo esperaba estar a la altura en mi "segunda fase de entrenamiento" de la mano de Kate.
Esto que me has dado es especial
Bajo el firmamento me pondré a brillar
Vamos sucumbiendo al frenesí
El ego que me atrapa deja de existir
Girando asta encontrar asidera
Apareces como una visión angelical

Que los dos sintiéramos la misma piel
Partículas doradas, luces de neón
Derramando chispas de calor, multicolor
En el centro del universo estoy
Intentando entender
Por que soy como soy
Las estrellas me hipnotizan sin querer
Dando vueltas como en un carrusel
Ya no temo a la eternidad si estas conmigo
A mi que más me da
El destino quiso conceder
Las galaxias van rotando junto a mi
Van llevándome hacia ti
CAPITULO 3
Especial
La "segunda parte de mi entrenamiento", estaba completamente iniciada al lado de Kate. Había pasado algunos días con ella tratando de sensibilizar mi don, poder o como sea que se llame.
El primer día fue doloroso debo confesar.
Yo no tenía idea de lo que ella hacía, sabía que era una vampira poderosa que venía enseñarme los secretos milenarios de los poderes antiguos, o algo así le había escuchado decir a Emmet, como sea. En un principio tuve que comprobar de primera mano los poderes de Kate Denali.
-ok…entonces no sientes nada…- dijo Kate un poco incrédula mientras yo negaba con la cabeza - y tú Emmet?...-
-ahhh!!...siii, Kateeee!!...-
Emmet se encontraba tirado en la tierra, retorciéndose muy raro. Edward y yo sólo lo observábamos ladeando la cabeza, tratando de contener la risa un momento, parecía un bicho que acababa de ser rociado con insecticida. Kate sin embargo, estaba un poco pensativa, fue muy evidente cuando paró de hacer lo que estaba haciendo ya que Emmet se quedó como en shock aun en la tierra.
-mmm…Eleazar tenía razón…tu escudo mental allí esta naturalmente…en serio Bella, no haces ningún esfuerzo para tenerlo?...- me preguntó Kate
-nop…simplemente esta y no sé cómo lo hago…-
-si, así es desde que la conozco…no puedo leer sus pensamientos, y tampoco parece que los bloqueara a propósito…- dijo Edward, confirmando lo que Kate acababa de decir.
Según Kate, eso era mejor, ya que no perderíamos tiempo en trabajar con el escudo mental y pasaríamos de lleno a la mejor parte: el escudo físico. Pero Kate aun tenía una prueba más, para mala suerte del pobre Emmet, pero él se lo había buscado ya que había insistido en ayudar.
Nuevamente, y sin aviso, Kate comenzó a ejercer aquello sobrenatural en Emmet, pero de una manera más suave, se podía ver porque ahora él parecía soportarlo más. Ella me tomó de la mano y me llevó al lado de Emmet que estaba casi riendo.
-jejeje!!...ahora me hace cosquillas, se siente raro…así como cuando Rose me…bueno, se siente raro…- dijo Emmet
-ahora quiero que lo toques…-me ordenó Kate
No sabía qué esperar, estaba un poco asustada, pero supuse que si a Emmet le daba cosquillas entonces no sería tan grave. Así que casi sin pensarlo, toqué a Emmet tal y como Kate me lo había pedido.
Me arrepentí de haberlo hecho.
En cuanto las yemas de mis dedos tocaron la dura piel de Emmet, una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo de manera horrible, hasta incluso me lanzó en una especie de espasmo al suelo. Todo mi ser entero estaba completamente sacudido por aquello que Kate producía, nada parecido a las cosquillas sexuales que describió Emmet.
Edward de inmediato me ayudó a levantarme del suelo, mientras Emmet se carcajeaba por la situación, sin duda me vengaría por aquello. Las yemas de mis pobres dedos me punzaban demasiado, como si estuvieran completamente quemadas lo que me hizo de inmediato meterlas a mi boca para aliviar el dolor.
-lo siento…no pensé que fuera a ser demasiado para ti…pero con eso nos damos una idea, así que es hora de comenzar entonces…-
Si claro, era fácil decir eso para ella cuando la que había sido electrocutada era yo, pero en fin.
Kate comenzó a trabajar con mi mente, así como en una especie de terapia: me preguntaba qué sentía, qué imagen podía ver en mi mente y cosas por el estilo. Cuando le dije que no sentía ni veía nada, comenzó a darme rollos acerca de que visualizara un escudo, o lo que yo quisiera que significara protección para mí.
En ese momento se me hizo ridículo pensar en un enorme escudo estilo espartano pero conforme pasaban los días y las horas hablando acerca de eso, vi a mi escudo como una especie de manta. Lo sé, suena raro, pero creo que iba más con mi personalidad. Luego de que estaba convencida de que dentro de mi mente había una manta blanca como fantasma, se pasó a la siguiente fase del plan macabro para no hacerme una inútil.
Durante todo ese tiempo que pasaba con Kate en casa de los Cullen, Edward sólo se limitaba a observar y a darme consejos de vez en cuando, no sé si era decisión propia o por que Kate se la había pedido. En cambio Emmet, se entrometía siempre, insistiendo como un niño pequeño que quería ayudar, Kate accedía ya que de vez en cuando se divertía mandándole pequeñas descargas para molestarlo, provocando las risas de los que estuvieran presentes.
Como dije, para la segunda fase, nos concentramos en que yo sintiera la manta encima de mí, aunque debo confesar que a veces cuando perdía la concentración me imaginaba a mi misma como una especie de fantasma. Pero cuando en realidad me creía todo aquello, algo raro pasaba en mi piel, la sensación de que tenía una telaraña en mi cuerpo era completamente diferente y fascinante a la vez.
Se escucha fácil, pero la verdad era algo sumamente difícil.
Tardé unos días en acostumbrarme a todo y luego cuando lo hice, tratábamos de ampliar su extensión, es decir, Kate quería que esta se alargara de una manera extraña fuera de mi piel, aunque sólo conseguía que se separara de mi unos centímetros primero, luego logré hacer que se separara unos cuantos metros pero por sólo por minutos.
Era casi como estar en la escuela del profesor Xavier de los X-Men, Emmet tenía razón, la situación era realmente cool.
Aquello era un éxito total a los ojos de la rubia Kate y estaba sumamente sorprendida por mi avance en tan poco tiempo. Para comprobar aquello, me tomaba de las manos y lanzaba pequeñas descargas directamente pero milagrosamente no sentía nada, o a veces Emmet se entretenía lanzándome piedritas a ver si me pegaban pero estas caían luego de toparse con algo duro a centímetros de mi piel. Aquello no conseguía hacerme daño, pero vaya que lograba molestarme, teniendo un punto más para mi venganza en contra de Emmet.
Cuando en verdad ya pude controlar aquello por más tiempo, me sentí muy especial, me sentía parte de algo. Edward leía la mente, Alice tenía sus visiones, Jasper controlaba las emociones, Kate era una silla eléctrica andante y yo, evitaba que las piedras me pegaran.
No era algo tan genial en ese momento, pero al menos ya no era la simple mestiza débil y humana. Sentía la letra E de especial en mi frente así como si fuera una linda estrellita.
Habían pasado dos semanas desde aquel primer día con Kate, era miércoles por la mañana.
La noche anterior le había pedido a Edward que no fuera a visitarme, parece algo de locos pero en verdad necesitaba dormir y con él a mi lado no podía. A veces ni siquiera podía cerrar los ojos porque no quería dejar de verlo. Obviamente Edward entendía cuando necesitaba mis momentos a solas, eso me encantaba, aunque no más que el hecho de estar con él.
Me sentía muy cansada, sumamente exhausta.
Con el paso de los días mi agotamiento se había hecho crónico, haciendo que a veces me quedara dormida en las clases o incluso frente a los semáforos de la escuela, la cosa más peligrosa del mundo. Mis huesos tronaban por cualquier cosa, sobre todo cuando Edward me abrazaba, además de que a veces su toque me parecía cada vez más frío; mi cabello estaba horrible, se me caía bastante.
La embarazada Maddie sensible insistía en que fuéramos con un médico o con algún nutriólogo, pero yo le daba la excusa de que ya había hablado con el Dr. Cullen y que todo estaba perfectamente bien.
Era sólo el stress de la escuela, le decía. Si como no!!.
Al fin, después de quince minutos tratando de levantarme, lo hice. Arrastrando los pies entré a la regadera y mientras me bañaba, ni siquiera mi shampoo de fresas parecía animarme. Eso era realmente malo, mi shampoo era lo que muchas veces evitaba que mi día comenzara mal y ahora de repente no funcionaba.
Me di a mi misma un golpe en la cabeza para ver si aún funcionaba correctamente.
Como siempre me cepillé el cabello frente al espejo y vi lo de todos los días: mi rostro estaba más demacrado que antes, las ojeras se habían depositado debajo de mis ojos como si fuera yo un simple muerto viviente. La piel que luego de la transformación se había vuelto como la porcelana blanca, ahora estaba seca y amarilla. Hasta ahora nadie se había dado cuenta, o al menos eso creía ya que ninguna persona había mencionado nada, pero en esa ocasión creí pertinente disimular todo el desastre.
Alice me había enseñado algunos trucos de maquillaje, ella era muy buena en eso, la verdad no se cómo ya que ella necesitaba nada, era bonita por naturaleza.
Mientras Maddie estaba abajo preparándose para irse a la tienda, me escabullí a su cuarto y tomé algo de maquillaje de su tocador. Sólo apliqué el necesario para ocultar las horribles ojeras y ya. No se notaba, seguramente Alice estaría orgullosa de mi dando algunos saltitos.
Bajé a desayunar con Maddie que estaba hojeando nuevamente en la mesa el álbum de bodas que Alice le había dado para comenzar a planear la boda. Las cosas que Alice habían planeado le encanaban a Maddie, aunque al antisocial de Charlie no tanto. Creo que por culpa de él yo a veces era rara.
Después de un plato de cereal, un jugo y un café, salí directo a la escuela. A pesar de estar un poco exhausta, estaba dispuesta a sobrellevar el día de la mejor manera.
Afuera estaba lloviznando un poco.
Justo ese día, mi mala suerte apareció de repente después de algún tiempo sin vernos a la cara. Mi viejo trasto llamado camioneta no encendía y juro que olía a gasolina quemada, lo peor de todo era que ahora no tenía quién la reparara. Creo que si le hubiera pedido a Jacob, me hubiera comido y escupido luego o cualquier cosa que hagan los hombres lobos como él.
Para opacar a mi mala suerte, Maddie se ofreció a llevarme a la escuela en un hermoso acto de maternidad recién adquirida y gracias a ello, pude llegar a la escuela a tiempo. En el estacionamiento Edward estaba esperándome al lado del Volvo, saludó a Maddie a lo lejos y yo me despedí de ella.
- no quiero ni imaginarme a qué hora hubiera llegado si venia en autobús… gracias por acercar mi trasero a la escuela…te quiero!!...- dije soplándole un beso mientras se reía por el adecuado uso de mis palabras
Caminé hacia donde estaba Edward como quien camina hacia las puertas del mismísimo cielo.
Estaba recargado en su brillante Volvo plateado, esbozando una sonrisa al verme. Como era costumbre, estaba vestido impecablemente, seguro Alice tenía que ver con eso.
Las miradas de todos lo que estaban en el estacionamiento se posaron en nuestro encuentro. No tenía que leer mentes como Edward para saber que muchas chicas se preguntaban porqué demonios alguien tan glorioso como él estaba con alguien como yo, pero cuando Edward sonreía de lado no me importaba nada ni nadie.
Tuve que regresarle el gesto, pero obviamente no de la misma forma tan encantadora que Edward.
- por fin murió tu camioneta?...- me tomó el rostro con su dos frías manos y besó mi frente delicadamente, como si fuera yo una muñeca – buenos días Bella…-
-bueno días para ti también…-
Mientras terminaba de sonrojarme y caminábamos hacía el edificio, le conté a Edward lo que había pasado con "Frankie".
-ya tenía algunos días fallando pero no creí que estuviera tan mal…hoy de repente en la mañana solo escuché que algo tronó y comenzó a oler a quemado…- por mi tono de voz parecía que hablaba de una persona y no de un auto viejo - estoy un poco triste…ahora ya no tengo a nadie que me ayude a repararlo, yo creo que es caso perdido…-
Sentí que con la muerte de mi camioneta, también moría definitivamente mi amistad con Jacob. Era como una simple y dolorosa analogía de lo que nos había pasado; así como yo no quería otro auto, yo no quería a otro mejor amigo que no fuera Jacob.
Edward parecía un tanto feliz por la situación con la camioneta, ya que había insistido algunas veces en regalarme un lujoso y reluciente auto como su Volvo, decía que mi auto era un desastre andante como yo y eso era sumamente peligroso.
Por lo mismo debí de haber sabido que insistiría nuevamente.
- yo creo que no es caso perdido si sirve para que me dejes regalarte un coche nuevo…- dijo en tono persuasivo, demasiado para mi gusto.
-ya te he dicho que eso sería demasiado, no imagino siquiera lo que diría Charlie…lo mejor será que convenza a Maddie de dos cosas…la primera será que me traiga todos los días a la escuela y la segunda, que me dé trabajo en la boutique para poder costear un coche nuevo…-
Llegamos a mi clase de Español, nos detuvimos un momento ya que la Srita. Torres aún no había llegado.
-eres necia Isabella Swan y no puedo odiar el hecho de que lo seas…de no ser así creo que no estaría aquí junto a ti…- me acomodó un mechón de cabello feo detrás de la oreja – diciéndote cuanto te amo…-
Estuvo a punto de besarme pero percibí que la Srita Torres estaba casi cruzando el pasillo – lo supe por su perfume -, lo detuve porque seguramente me hubiera castigado si me veía en tal demostración de amor con Edward. Todos los maestros en la escuela eran unos santurrones, excepto por el Sr. McCartney, él era genial.
Obviamente un pequeño beso de iglesia no tiene nada de malo, pero para ese entonces, literalmente no le podía quitar las manos encima a Edward cuando estábamos solos. Los besos que comenzaban de manera tierna terminaban un poco subidos de tono y conmigo a punto de morir asfixiada por falta de aire.
Pero a nadie le haría daño si le daba un pequeño beso a mi novio en la mejilla después de semejante declaración de amor. Lo tomé de la solapa de la cazadora rápidamente y le planté un beso tronado a media boca, hice trampa con lo de la mejilla.
Edward sólo sonrió de lado y se fue justo cuando la profesora iba llegando para dar la clase. Alice ya estaba dentro con Jessica, así que me senté a su lado aún con la boba mirada enamorada.
- otra vez estas deslumbrada?...- dijo la duendecillo pasando una mano enfrente de mi – Dios Bella!!...ya debiste de haber superado esa etapa…sé que Edward es genial y lo quiero, pero no es para tanto…-
-mmm…lo mismo digo para Jasper…- le saqué la lengua y no comentó nada al respecto.
- veo que decidiste ponerte maquillaje…- dijo Alice sin siquiera mirarme
Mis mejillas comenzaron a ponerse rojas, según yo ni siquiera se me notaba.
-es muy obvio?...dime por favor que no!!...-
-mmm…digamos que exageraste un poco en la parte de las ojeras pero en cuanto salgamos de clase repararemos los daños…-
Y lo hicimos, bueno, lo hizo.
Alice sacó de su casillero una especie de baúl pequeño que contenía un sinfín de productos de belleza, todos listos para arreglar el desastre que era mi rostro, porqué lo tenía en su casillero?, no lo sé, sigue siendo un misterio.
Ella misma me lavó la cara como si fuera una niña pequeña, luego, rápidamente me aplicó como cinco cremas diferentes y después con una esponja esparció algo de maquillaje en mi rostro haciendo énfasis en las ojeras de zombie que tenía.
Entonces comenzó a sacar más y más cosas del baúl de Felix el Gato, eso me preocupaba, no quería lucir como un vil payaso. Además de que no me dejaba voltear al espejo para verme.
-ehh Alice…mantenlo simple, quieres?...sino el Cirque Du Solei vendrá a reclutarme y ya tengo a demasiadas personas tras de mi…-
-shhh!!...déjame hacer mi arte, cuando termine estas en tu derecho de volverte a lavar la cara si no te gusta…-
Mientras terminaba, pasé los ojos por todo el baño un poco fastidiada, incluso hasta descubrí unos rayones en la puerta que decía Eddy C. es mi perra. Por la letra supe que Emmet lo había escrito, pintando de esa manera una rayita más en mi lista de venganza hacía él.
Unos minutos de tortura más y Alice por fin me dejo verme en el espejo.
-mierda Alice!!...-
-no te gustó?...pero te juro que se te ve muy natural…-
-no es eso…es que me dejaste genial!!...es como yo pero menos muerta pero mas vampira…- le susurré la ultima palabra muy bajito, había una chica orinando en el baño.
-lo sé!!...por eso todos a mi alrededor me aman…tú me amas en este momento…- dijo levantando sus pequeñas cejas una y otra vez – admítelo Isabella…-
Reí ante su comentario, afirmándole que la adoraba por hacer que me viera bien. La acompañe a dejar el baúl de la belleza a su casillero y luego fui a mi próxima clase: matemáticas.
Estuve rompiéndome la cabeza tratando de resolver una sola maldita ecuación mientras que todos los demás sabiondos ya llevaban más de cinco. Pensé seriamente en mi elección de carrera: escogería la que fuera mientras no tuviera matemáticas en su currículo educativo, además de que tendría que ser impartida en alguna universidad del norte o en cualquier lugar en donde no saliera el sol, no era muy seguro ver a Edward brillando por doquier.
Tomé una pequeña nota mental para elegir mi carrera en año entrante: uno, no matemáticas y dos: no sol. Lo más sencillo del mundo.
Entre tanta divagación mental al azar, se me fue la clase entera, de último momento terminé copiándole sus ecuaciones a Lauren, una chica que apenas si le hablaba pero no le importó que la usara un poquito en esa clase.
Estaba como siempre hambrienta y lo mejor es que no tuve que esperar para conseguir comida ya que en la cafetería, desde su mesa Emmet hizo señas para que me sentara con ellos, tenía una bandeja llena con mi comida favorita. Jasper y Rosalíe estaban también, así que les di un hola al viento en forma de saludo.
-tengo lo que más te gusta "pecas"…pizza, gelatina…bueno esa es para Edward…yogurt, una manzana, un sándwich, jugo, ensalada…lo que quieras esta aquí para ti…- dijo Emmet mientras le daba una mirada rara a Jasper.
Miré la bandeja con un poco de desdén, haciéndome un poco la difícil pero al fin y al cabo, tomé la pizza y la mordí.
-y Edward?...- pregunté a sus hermanos que tenían cara de asco por la comida.
-no sé…se supone que tú debes de saber, es tu novio…-
En verdad que si no fuera porque había llenado mi charola de comida, hubiera llamado a Kate para que electrocutara el trasero de Emmet, seguro Rosalíe me apoyaría. Por suerte Edward llegó junto con Alice a la mesa mientras ahora yo me comía el sándwich junto con algunos tragos del jugo.
- te ves hermosa…bueno, más de lo normal, si es que se puede…- susurró Edward a mi oído.
Me dio mucha gracia que me lo haya dicho justo cuando tenía la boca llena por haberme metido la mitad del sándwich a la boca.
-gracias…bueno, Alice hizo todo la hojalatería y pintura…yo sólo puse el rostro…- le dije dándome un pequeño golpecito en la barbilla.
Edward dejó de picotear la gelatina para acercarse y darme un pequeño beso en la mejilla, escuchando de fondo a Emmet gruñir un ugh, por un momento recordé a Jacob.
En un momento, ya sólo quedaba la manzana y el yogurt, así que sin problemas tomé la cuchara para proseguir con el alimento lácteo, la manzana la comería después así que la guardé. Emmet me observaba fascinado y de igual manera lo hacía Jasper, lo cual se me hizo muy extraño.
-qué?..el hecho de que ustedes no coman no significa que yo también siga ese mantra….- les dije retándolos, metiéndome una cucharada a la boca
-nosotros no dijimos nada "pecas"- dijo Emmet como conteniendo una risotada.
De repente, Edward les lanzó su famosa mirada de lector de mentes y pateó a Emmet por debajo de la mesa.
-te dije que no apostaran con Bella!!...-
Honestamente, no sabía de qué rayos estaban hablando, tampoco Alice ni Rosalíe. Emmet de repente comenzó a reírse mientras Jasper risueño le entregaba un billete de cien dólares.
-estaban apostando conmigo?...pero cómo?...-
- Jasper apostó que dejarías por lo menos tres cosas vivas en la bandeja…y Emmet que dejarías menos de tres…- Edward estaba conteniendo un risa, lo sé.
-es que últimamente comes como oso "pecas"…así que obviamente gané!!... en tu cara Emo Jasper!!- gritó Emmet con los brazos en el aire
-no tan rápido…regrésame cincuenta…perdiste, Edward se dio cuenta…-
Emmet rodó los ojos y sacó un billete de cincuenta que dejo sobre la mesa, en tanto Rosalíe zapeó a su esposo en la nuca.
-hey!!...y eso porqué fue?...- se sobó Emmet
-idiota!!...obviamente Edward se iba a dar cuenta…-
Todos en la mesa rodamos los ojos cuando Emmet, después de haberlo pensado mucho, se dio cuenta de que Jasper le había tomado el pelo. Rosalíe y Alice les hicieron prometer a sus esposos que ya no apostarían a mis costillas, sino dejarían que Edward se las arreglara con ellos sin problemas.
El disgusto de Emmet duró hasta la tarde cuando estábamos en la casa Cullen, lugar de reunión por excelencia en las tardes.
La excusa para ir que le daba a Charlie y a Maddie era que me adoraban en aquella casa - lo que era cierto – además de que debía hacer mis prácticas de laboratorio con Edward porque era mi compañero después de todo y yo era un poco torpe para los estudios - lo cual también era cierto-, así que no hubo problema que yo estuviera allá muy seguido.
Pero no todo era risas y diversión en aquella hermosa casa, también estaba Kate.
A veces creía que también era bipolar: cuando se trataba de estar con ella aprendiendo, era muy estricta y no aceptaba excusas de nada. Su aspecto de princesa de cuento te engañaba demasiado, sobre todo cuando no me dejaba ir hasta que no hiciera avances en el entrenamiento, ponía cara de "no me importa que tengas hambre, ni que estés cansada".
Pero a la vez Kate sabía divertirse, sobre todo con Rosalíe. Creo que era porque tenían el mismo temperamento fuerte o no sé. Molestaba a Emmet con el consentimiento de Rosalíe, haciéndolo sufrir con sus bromas. Estaba pensando seriamente aliarme con ellas para mi venganza.
Por la tarde de ese día, cuando estábamos en el patio, haciendo lo de siempre Kate decidió que era hora de instalarme en modo de Bella súper poderosa, lo cual no soy obviamente.
-anda Bella!!...- me aplaudió para que reaccionara - seguro que puedes hacerlo…es fácil!!...Emmet esta allá y tú acá…evita que le electrocute el cerebro y lo deje con menos neuronas de las que ya tiene…- la rubia sonrió, supongo que era un buen día para ella.
No podía concentrarme realmente, una pequeña parte de mi quería que le dieran su merecido a Emmet por algunas cositas que me debía, así que cuando intentaba hacerlo me reía al verlo como cucaracha retorciéndose.
Podía ver cómo Kate comenzaba a respirar más fuerte y las aletas de su nariz se movían muy rápido.
Sin duda la había hecho enojar por mi falta de atención.
-lo siento…es que es muy divertido…-
-bueno, si crees que es divertido, entonces cambiaré de estrategia…-
Se quedó pensativa un momento y luego de repente Bam!!.
Casi pude ver cómo una pequeña chispa llegó hacia Edward que estaba observando recargado en un árbol, lo tiró al suelo seguido por alguno de sus gritos.
Kate estaba hablando en serio.
- mierda Kate!!...déjalo en paz, prometo que ahora si pondré atención…- le dije con la respiración entrecortada.
-no Bella…sé que es una mierda pero no hay otra forma en la que puedas aprender…ahora supongo que ya no es divertido verdad?...-
Odie profundamente a Kate Denali en aquel momento, lo peor de todo es que Edward trataba de aguantar un poco, pero probablemente sintiendo mucho dolor.
La imagen de un Edward moribundo como la de mis sueños me llegó a la mente de inmediato. Sentí cómo mi corazón se retorcía a la par de Edward y comencé a desesperarme seriamente. No podía creer que Kate fuera capaz de hacernos esto, se suponía que estaba de buen humor.
Quise acercarme a Edward pero Kate no me dejó.
-ya no es gracioso Kate…déjalo en paz- las primeras lágrimas comenzaron a salir de mis ojos.
Kate se acercó a mí y pude percibir que aumentó su electroshock en Edward.
-no...concéntrate!!...- luego me tomó el rostro con ambas manos – no llores Bella, debes de hacer algo para que Edward no sienta dolor…expande tu escudo, yo sé que tú puedes hacerlo…además, yo puedo seguir así todo el día y estoy segura que al final, Edward me perdonará todo, pero no sé si contigo lo haga…-
Me apretó fuerte y no me dejo ir. Me sentía muy presionada, tanto por ella como por el pobre de Edward, por lo tanto la maldita manta apenas si se podía sentir en mi piel.
-concéntrate!!...- me miró Kate con sus ojos casi negros
Lo único que me hizo reaccionar en aquel momento en que estaba en una severa pausa mental, fue la voz de Edward que gritó mi nombre con tanto dolor. Aquel pequeño gritito doloroso, fue como el gatillo que disparó la maldita manta de una forma muy rara fuera de mí. Sentí como si mi mente se doblara para introducirse en algo muy pequeño, o como si algo muy grande y pesado estuviera a punto de quebrarme el cerebro.
Una punzada constante se apoderó de mi cabeza y luego de mi piel haciéndome sentir muchos escalofríos poniéndome la piel de gallina.
No sé cómo fue, ni siquiera pude ver en qué momento aquello funcionó porque tenía los ojos cerrados, pero pude escuchar que Edward simplemente dejó de jadear y entonces abrí los ojos.
Se incorporó poco a poco algo aturdido pero yo aún sentía aquella punzada hacía la dirección en la que él se encontraba. Supuse que ese era el escudo.
-perfecto…ya es suficiente - dijo Kate sumamente satisfecha y más tranquila.
Al ver a Edward sin aquella mueca de dolor, mi corazón pareció no dolerme más y la punzada desapareció de repente.
Dí un respiro profundo, aliviada de que ya todo había acabado. Le lancé una sonrisa a Edward, verlo sufrir era uno de mis peores miedos. Luego, la punzada nuevamente se apoderó de mi cabeza, como si algo se hubiera reventado, fue tan fuerte que tuve que cerrar los ojos un segundo. En tanto, mis piernas me fallaron, mi visión se hizo toda negra, sentí que me caía en una especie de agujero y no supe más de mí.
Entre la negrura, escuché sólo aquella voz aterciopelada muy a lo lejos.
-Bella!!...Carlisle ven rápido!!...-


Capitulo 4
Frágil

Proteger a la persona que más amas dolía como el demonio, te hacia perder la conciencia y daba nauseas. Eso lo supe una vez que desperté en la falsa cama de Alice, aquella que ya me había visto caer en otra ocasión.
Un zumbido seguía depositado en mis oídos, retumbando fuertemente en mi cabeza, un olor fuerte que tenía pegado a la nariz me hizo reaccionar lentamente.
La luz entraba desde el enorme ventanal, me molestaba demasiado, por lo que preferí tener los ojos cerrados.
No quería despertar, tenía sueño.
-Bellaaaaa…despierta…- una vocecilla me dijo al oído.
Le hice caso y al abrir por completo mis ojos, vi las siluetas de Alice, Carlisle y por supuesto, de mi hermoso Edward. Di un suspiro al verlo allí conmigo, tomándome de la mano, eso me puso mejor.
Sabía que todo aquel lío del desmayo había valido la pena, Edward estaba bien.
-hola…- dije a media voz, saludando a todos como si nada.
Sentí un poco de culpa al ver la cara de entierro que tenían todos. Por Dios!!, me había desmayado solamente, no era como si hubiera perdido una pierna o algo. Así que me hice la valiente y traté de levantarme de un brinco.
-Bella espera…no te levantes…- dijo Edward tratando de detenerme.
Por supuesto que no le hice caso, ya me sentía mejor. Pero al poner el primer pie en el piso, sentí como que de verdad todo daba vueltas de una manera muy extraña.
-ups!!...creo que mejor vuelvo a la cama…- dije mientras me sentaba totalmente mareada.
Solo esperaba que el gran almuerzo de la mañana no hiciera acto de presencia frente a mi novio y su familia, eso sería muy embarazoso, aunque una rayita más en la pared ya no hacia mucha diferencia.
Edward se sentó a mi lado y comenzó a frotarme la espalda, en señal de que estaba conmigo. El silencio aún reinaba en la habitación, yo hubiera querido romperlo pero estaba segura de que si abría la boca, algo muy malo hubiera pasado.
Además de Alice, Carlisle y Edward, pude ver que Kate también estaba en la habitación, se acercó a mí con una expresión triste en su rostro.
- lo siento tanto Bella…nunca pensé que esto pasaría, soy una bruta…espero que puedas perdonarme…- dijo poniéndose de cuclillas frente a mi.
Pobre de Kate. No quería hacerla sentir mal, así que traté de calmarla.
-no te preocupes Kate…la verdad fue mi mala suerte, además también te estaba molestando demasiado…- le dije acomodando un mechón de su rubio cabello detrás de su oreja.
Kate parecía sentirse mejor, sólo esperaba que en ocasiones sucesivas no intentara hacer algo parecido, eso de atacar a mi novio la verdad que me ponía mal.
Edward bufó por la bajo, estoy segura de que fue por mi comentario, ya que insistía que yo no era una torpe y que mi mala suerte no existía. Si claro!!, él decía eso porque él era simplemente perfecto. Traté de ignorar la actitud de Edward, lo bueno, es que Esme llegó al momento y me ofreció un vaso de jugo, con suerte mis nauseas mejorarían.
- como te sientes querida?...- pregunto Esme sentándose a mi lado.
- muy mareada, cansada y con nauseas…-
-jajaja!!...como Maddie cuando descubrió que estaba embarazada…- dijo Alice brincando un poco en la cama.
Después de escuchar aquel comentario, bebí mi jugo al hilo, ignorándolo por completo. Genial!!, nuevamente la vida me recordaba que nunca tendría hijos, nunca llegaría a embarazarme y sería una simple mujer solitaria inmortal. Claramente Edward fulminó a Alice con la mirada y ella soltó un ups mientras salía de la habitación junto con Esme, no sin antes darme un pequeño beso en la mejilla.
Finalmente Carlisle habló, corrió a todo el mundo de la habitación pidiendo que nos dejaran solos, era hora de una consulta privada con mi suegro doctor. Aunque el termino privado no podía ser exigido en una casa llena de vampiros con oído súper sensible, pero aún así todos se fueron a no se dónde.
Carlisle rápidamente revisó mis ojos, palpó mi estomago y creo que hasta tomó una foto de mis amígdalas, mientras lo hacía, su cara parecía muy seria, preocupándome demasiado. Por ultimo, de un rápido movimiento, me levantó como si fuera yo una pluma, o más bien, una bolsa de ropa sucia.
- desde cuando es que te sientes mal Bella?...-
- mmm…es la primera vez…-le dije a mi doctor de cabecera
Maldita Bella mentirosa!!, dile que siempre estas cansada, que te duermes en clase y que te duele cada que tu novio te abraza gritaba mi mente en aquel momento.
-estas muy desmejorada y baja de peso…haz estado comiendo adecuadamente?...-
- claro que si!!, en la escuela almuerzo bien…además Maddie me hace comer hasta por ella y el bebé…- le dije la verdad, Maddie me hacia comer como huérfana.
De repente, la puerta se abrió bruscamente, cayendo Emmet seguido por Edward que trataba de cerrarle la boca.
- bromeas?...con lo que la "pecas" come, podríamos alimentar al antiguo ejercito sureño de Jasper …- soltó una enorme carcajada que retumbó en el cuarto.
Edward le hizo una especie de llave en el piso mientras Emmet aun se reía
-esta bien…como demasiado, pero son sólo cosas saludables…- me defendí
Emmet se levantó, deshaciéndose de la llave de Edward.
-pues yo no sabré mucho de comida "pecas"…pero te puedo decir que la pizza grasosa de la cafetería no es precisamente lo más saludable… te alimentas solo de chucherías…-
Eso si era un golpe bajo y juraba que a la menor provocación me vengaría de Emmet, algo se me ocurriría pero en aquel momento no encontré algún cometario para refutar lo que había dicho.
No era lo mismo para Edward.
-hermano…yo no sabré mucho de comida saludable…pero te puedo decir que las ardillas que recoges a escondidas en el bosque, no son precisamente el snack más adecuado para ti…más bien son chucherías, como tú dices…- dijo guiñándome un ojo, como saboreando la venganza de mi parte
Tanto Carlisle como yo, ahogamos una carcajada mientras Emmet nos miraba con ojos de odio y salía de la habitación, seguramente para ir a acusarnos con Rose.
Niña!!
Carlisle volteó solamente los ojos ante los comentarios de Emmet, sacó una libreta de su maletín y comenzó a escribir cosas.
- te recetaré vitaminas, de hecho puedes conseguirl…- el movimiento de la puerta lo interrumpió.
- Carlisle…las vitaminas no ayudaran a Bella en nada…deberías saber que lo que tiene no se arreglara con eso…- dijo que Jasper estaba en el marco de la puerta recargado.
Carlisle paró de escribir, Edward y yo lo observamos intrigado, todo para ponerle atención a Jasper.
Lo curioso acerca de Jasper era que siempre encontraba la manera de lucir misterioso y de decir las cosas de manera en que sonaran grandes y graves. Estoy casi segura que esa era una de las cosas que más le gustaban a Alice. Al principio, me daba miedo estar cerca de él, imponía tanta autoridad, incluso más que Carlisle que era el patriarca de la familia Cullen. Edward le atribuía aquello a su antigua instrucción militar allá por el sur del país.
En fin, allí estaba Jasper haciendo una declaración misteriosa e impactante como siempre. Edward se acercó a Jasper, mirándolo confundido al igual que Carlisle y yo.
Yo seguía sin entender nada, al parecer estaban hablando en la mente o algo así.
- hola?...disculpen por interrumpir su platica mental…les recuerdo que tengo la cabeza descompuesta…- me golpeé la cabeza para demostrar el punto
- qué quieres decir Jasper?...- dijo Edward
- digo que lo que Bella necesita es algo más que la comida chatarra que come en la escuela, o que las vitaminas que Carlisle le esta recetando…-
Me levanté de inmediato, buscando su mirada, no soportaba más sus rodeos.
- traduce Jasper, traduce…- le dije desesperada.
- necesitas beber sangre Bella…otra vez -
Oficialmente, Jasper se había vuelto loco, no sabía si aquello era una broma, una de mal gusto. Al instante, recordé las imágenes de aquel día en el hospital: la goteante sangre chico nervioso, el ardor en mi garganta, el tic- tac de las maquinas del laboratorio, el calor de la sangre robada en mi cazadora.
No, definitivamente no volvería a probar aquella cosa jamás.
-mmm…creo que en esta ocasión pasó…me quedo con las vitaminas de Carlisle y fin de la discusión…-
Pude ver la expresión en el rostro de Carlisle, era como si se le hubiera prendido un foco.
- Jasper tiene razón Bella…debo de confesar que pensé en algún punto que tenias algún desorden alimenticio y la verdad es que si lo tienes…pero el tuyo es por no alimentarte de sangre…-
Ok, ahora me había convertido en una anoréxica mitad vampiro, era genial todo aquello, obviamente, de forma sarcástica.
Edward solo se quedó mirándome, a la espera de que yo dijera algo. Yo no sabía ni que pensar, pero al parecer ellos podrían tener razón, tal vez si hacia lo que decían todo lo que me pasaba podría acabar.
- y si me pongo toda loca otra vez y me dan ganas de matar a todo el mundo?...- dije acercándome a Edward para abrazarlo.
Todos en la habitación tomaron eso como señal para irse, dejándome a solas con Edward. Me aferré a su cuerpo, que me parecía cada vez más frío, él me tomó en sus brazos delicadamente.
- Bella…algo debemos hacer para remediar esto y lo que dijo Jasper, bueno, puede que sea lo correcto…-
Me solté de su agarre y lo miré a los ojos, tratando de encontrar alguna otra respuesta. Edward me tomó del rostro y comenzó casi a susurrar para si mismo.
- lo siento Bella…fui un estúpido…- lo miré confundida, no sabia de lo que estaba hablando – como no me di cuenta de que estabas mal?, de que algo te pasaba?...perdóname por no haberme dado cuenta…- me besó la frente
Todo era mi culpa, por dejar que todo esto llegara lejos. Tal vez si le hubiera hecho caso a Maddie desde un principio con el asunto de ir al médico, nada de esto hubiera pasado y lo peor era que Edward se culpaba así mismo.
- tu no tienes la culpa Edward…yo tenía tiempo sintiéndome mal, pero no quise decir nada, no quería preocupar a nadie…para ese caso, tú tienes que disculparme a mi
Edward buscó mis labios y me besó tiernamente, apretándome un poco, pude con suerte apagar el gemido del dolor que sentí por su abrazo.
- te amo Bella…y si te llegara pasar algo, jamás me lo perdonaría, por eso, debo insistir en que sigamos la sugerencia de Jasper…prometo que sino funciona, nos olvidamos de todo y buscaremos otra solución…-
Cuando Edward usaba aquel tono persuasivo, era difícil decirle que no, por lo tanto, estaba dispuesta a probar nuevamente la sangre.
Aquella idea me confundía demasiado.
Una parte de mí se negaba a probarla nuevamente, pensaba que era un acto un poco asqueroso. Sin embargo, la otra, aquella que había salido a la luz aquel día estaba ansiosa por tener nuevamente el líquido rubí dentro de mi boca. Obviamente, no le dije todo aquello a Edward, era demasiado vergonzoso halar de tus recientes ganas por probar la sangre.
Salimos del cuarto de Alice y fuimos a la sala en donde estaban todos reunidos, al parecer ya se habían enterado del curso de acción a seguir: Bella debe beber sangre.
Jasper tenía un plan trazado, minutos después de tomar la decisión.
- esto es lo que vamos a hacer…- dijo Jasper dirigiéndose a todos en la habitación, estaba sereno, con las manos por detrás y caminaba de un lado a otro
Juró que por un instante pude escuchar la marcha militar con tambores, sobre todo cuando Alice dijo por lo bajo si Señor.
- Bella…te explicaremos los pormenores de alimentarte de animales, luego iras con todos nosotros para explicarte cómo cazarlos…primero comenzaras con los pequeños, Emmet tiene experiencia en ardillas y esas cosas así que él te ayudara con eso…- se escuchó un quejido por parte de Emmet, Jasper lo fulminó con la mirada – luego cuando estés preparada, Alice, Esme y Rosalíe te podrán ayudar con los ciervos y animales medianos…ya por último Edward, Carlisle y yo te introduciremos a los grandes animales del bosque…será todo sumamente fácil si nos apegamos al plan…entendieron todos?...alguna duda? – preguntó Jasper.
Claro que tenía dudas, la explicación parca de Jasper no me ayudaba en nada. Todos se observaron asintiendo con la cabeza, todos excepto yo que levanté la mano.
- dime Bella…- me dijo Jasper con un poco de desdén.
-ahm…creo que no entendí desde un principio…se supone que tendré que cazar?...así como perseguir a animales en el bosque, caerles encima y enterrarle los colmillos que no tengo para chuparles toda la sangre?...-
- si…naturalmente…alguna otra duda gente?...-
Nuevamente volví a levantar la mano.
- si tengo otra duda Jasper…naturalmente para quién?...les recuerdo que la primera vez que hice el rito de la sangre asesine a una bolsa de plástico…no creo poder ser capaz de matar otra cosa, ni siquiera si se trata de las ardillas de Emmet…-
Edward habló al fin, estuvo ausente durante toda la explicación de Jasper, necesitaba que alguien con autoridad parara los planes rápidos de Jasper.
- Bella tiene razón… si ella no quiere hacer todo lo que acabas de decir Jazz, entonces tenemos que respetar su decisión, no permitiré que la presionemos nuevamente como el día de hoy…no si eso representa peligro para ella…puede que esa sea la solución, o puede que no…-
Mientras Edward decía aquello, pude ver cómo Alice se tensó en su asiento, tenía la mirada perdida, claramente estaba teniendo una visión. Jasper fue de inmediato a su lado, preocupado por su pequeña mujer, incluso dejando un lado su orgullosa pose militar.
- querida…estas bien?...- Jasper le dijo a la enana que no respondió.
Alice pareció reaccionar luego, esbozó una enorme sonrisa, de inmediato pude ver que Edward ya no estaba tan tenso.
- acabo de ver a Bella en el boque…no pasará nada si ella bebe nuevamente sangre…al contrario, será lo mejor para ella…no debes preocuparte más Edward-
Todos me observaron buscando respuestas, en verdad que los Cullen hacían todo grande y dramático.
- esta bien!!, no se estresen...probaré la sangre si eso es lo mejor…pero si me vuelvo loca y ataco a todo el mundo, más vale que estén allí para controlarme…-
Había tomado aquella decisión y sin embargo sabía que la vida para mi sería cada vez más rara. No me bastaba tener un novio vampiro, no me bastaba ser una condenada hibrida sino que ahora, también tendría que vivir de la sangre de animales.
No era precisamente lo que toda chica de 17 años hacia normalmente, al menos no creo que Jessica o Ángela lo hicieran.
Como sea, aquella noche cuando ya me sentía recuperada del asunto del desmayo, Edward me llevó a casa en el Volvo. A pesar de que aún seguía preocupado, me sonreía adorablemente durante el camino, probablemente porque ya estaba mejor.
Al llegar a casa, pudimos ver un auto estacionado afuera, nunca lo había visto por el pueblo.
- un Trans AM?...creo que tu visita tiene cierto amor por los clásicos…un modelo 77 es algo costoso…- dijo mi novio, entusiasta declarado de los autos.
- no sé de quién será…debe de ser de algún viejo amigo de Charlie…yo que sé…-
Observamos un rato el Pontiac negro reluciente que tenía una enorme ave fénix en el capo. Tenía un aire viejo, no tanto como el de mi camión naranja, pero por eso me gustó al instante. Edward tenía la mirada pegada a la casa.
- qué pasa?...- le pregunté
- nada… es sólo que…bueno, no importa…creo que hoy no me querrás metido en tu cuarto verdad?...-
- no lo tomes a mal…es sólo que estoy cansada, pero te veo mañana en la escuela…-
Pasé la mano por su sedoso cabello, que olía delicioso a shampoo, y lo acerqué hacía mí. Ambos cerramos los ojos mientras nuestros labios se acercaban lentamente para culminar en un beso.
Podía jurar que los besos de Edward, me hacían sentir viva, desde la punta de mis pies hasta las yemas de mis dedos. Era por él que todo lo que me pasaba valía la pena, sus besos y caricias valían azotes eléctricos e incluso, la mismísima furia de los Vulturi.
A su lado, no necesitaba nada más que su amor, eso era todo.
- te amo, mi frágil Bella…- susurró en mis labios
- y yo a ti Edward…más que a mi propia vida-
Tuve que separarme de él cuando las luces exteriores de mi casa se encendieron, prueba de que en cualquier momento Charlie saldría a arruinar el momento. Me despedí de Edward, soplándole un beso al arrancar rápidamente el motor del Volvo.
Estaba a punto de abrir la puerta con mis llaves, cuando esta se abrió sola. Un chico desconocido estaba del otro lado y me miró sorprendido.
- hola…buenas noches…- le dije tímidamente, sintiéndome como intrusa en mi propia casa.
El extraño chico pálido me contestó igual, haciéndose a un lado su alborotado cabello negro.
- hola Bells…no sabía que ya habías llegado…- dijo Charlie detrás del chico.
- si, Edward me trajo…venimos de su casa, la Sra. Esme me invitó a cenar…- le dije a Charlie, casi olvidándome que teníamos visita.
- creo que mejor me voy Charlie…fue un gusto conocerlo…mi padre estará feliz cuando le cuente que lo vi…- le dijo a Charlie con una sonrisa, antes de salir de la casa.
Me despedí de los dos antes de que Charlie quisiera presentarme a aquel muchacho, subí directo a mi cuarto.
Supuse que aquel chico era el hijo de algún viejo amigo de Charlie y que obviamente no era de por aquí. Su forma de vestir era muy juvenil, sin caer en lo juvenil noño de Mike Newton: su pantalón de mezclilla roto acompañado por su camiseta de los Sex Pistols y su saco negro, le daban un aire chic y si lo juntamos con su Pontiac Clásico, daba como resultado un chico de ciudad perdido en un pueblo remoto como Forks.
Lo observé por la ventana, mientras se despedía de Charlie, se veía contento de la misma manera que mi padre. Seguramente, la idea de recibir al hijo de algún amigo le hacia recordar viejos tiempos, quién sabe.
Maddie entró en aquel momento para llevarme mi ropa limpia. Se notaba que no había parado en todo el día, eso me preocupaba ya que a pesar de que apenas tenía cuatro meses de embarazo y según ella se sentía bien, debía tomarse las cosas más tranquilizas.
Aún tenía curiosidad por nuestra visita, así que no dude en preguntarle a ella si sabía algo.
- creo que tu padre conoce al papá del muchacho desde antes que tu nacieras…se lo encontró en el pueblo por la tarde así que Charlie lo invitó a comer…fue muy emocionante para Charlie saber de su amigo por medio del hijo…-
- y cómo se llama…- le pregunté
- no sé…creo que no me lo dijo y si lo hizo no lo recuerdo, ya sabes que soy muy distraída…-
Estaba bien de preguntas por ese día, así que cuando Maddie se fue, me preparé para dormir. Me metí a la cama, aún sin saber muy bien cómo iba a resultar aquel plan de Jasper, ni cómo iba a reaccionar al tener nuevamente la sangre en mi boca.
Habré tomado la decisión correcta? me repetía una y otra vez.
Me movía de un lado a otro, pensando en aquello, hasta que una voz dentro de mí me calmó, era una voz bien conocida para mí.
Era mi conciencia asesina.
ES LA MEJOR DECISION QUE HAS TOMADO…NO TE ARREPENTIRAS
Genial!!. Otra vez ella, invitándome a comerme todo a mi paso.
La peor parte: tener que lidiar con esa pequeña voz embustera de ahora en adelante.

CAPITULO 5
Límites

He llegado a una tremenda conclusión acerca de la sangre: la odio y no siquiera la he probado, o al menos es lo que puedo decir luego de una semana ininterrumpida de escuchar a los Cullen – incluyendo a mi novio- hablar de ella.
Nuevamente tuve que pasar por un curso intensivo de teoría, comenzando con Carlisle, rey de la abstención hacía la sangre humana.
- la sangre de animales será ahora uno de tus principales alimentos, por lo tanto, tendrás que tener cuidado al momento de auto controlar tus ansías por el otro tipo…la humana – dijo Carlisle serenamente, sentado en su enorme silla de piel – debes saber que la sangre de animal y la humana son distintas, muy distintas…lo sabrás tú cuando la pruebes por ti misma…-
- pero cuando será eso?...- le pregunté desesperada
- cuando sepas lo necesario…cuando estés lista Bella…-
Eso de cuando estuviera lista me sonaba a eternidad, la ventaja es que si así fuera, tendría maestros inmortales. Además, Carlisle estaba aprendiendo a decir las cosas de la forma misteriosa, así como Jasper.
Aquella tarde Carlisle tenía el día libre en le hospital, así que era la ocasión perfecta para contarme un poco más de su larga vida. En primer lugar, supe que él y yo teníamos algo en común, nuestras madres habían muerto al darnos a luz. Ambos siendo huérfanos desde recién nacidos, quién lo iba a decir!!
Cuando me contó aquello, pude percibir a Carlisle de una manera diferente a la habitual, hubo una especie de lazo invisible que nos ató al instante, casi como si fuéramos hermanos.
Puede sonar loco que lo viera como hermano y no como padre, pero al menos no podía tomar a alguien con apariencia de veintitrés años como una figura paternal, de por si no lo podía hacer con Charlie. Pero a pesar de eso, era obvio que el respeto incondicional y la admiración total estaban para ambos jefes de familia.
Estaba claro que su autocontrol se lo debía un poco a la manera en que su padre caza criaturas de la noche lo había criado. En sus primeros días como vampiro descubrió que no podía alimentarse así nada más de personas, que era un método cruel para sobrevivir que implicaba un cargo de conciencia enorme. Sin embargo, con los años, Carlisle se dio cuenta de que los animales eran una buena forma de sobrevivir sin destruir vidas humanas enteras.
Básicamente lo que había aprendido de Carlisle era esencial: si te alimentas de humanos, el sentimiento de culpa va a ser demasiado para ti. Sabía que no era exactamente lo que quería que aprendiera, pero al menos eso me serviría a mí.
- no puedes ver a los humanos como comida simplemente…-hice una mueca cuando lo dijo – sé que ahora no lo piensas así pero puede que con el tiempo una voz interior te convenza de que puedes alimentarte de ellos al igual que lo haces con los animales, que estas en todo tu derecho y que es un privilegio para ellos el alimentarte de su sangre…cuando te des cuenta de que somos casi iguales, sabrás que la sangre humana no es una opción…- dijo Carlisle en un tono más serio.
Me sorprendió el hecho de que habíamos llegado al punto de hablar de los humanos de ellos, como si fueran extraterrestres, me sentí rara, como que de nuevo no pertenecía y estaba en el limbo de las especies infrahumanas.
Aún así no supe de que lado estaba: era una humana extraordinaria pero a la vez era la vampira más torpe de la historia. Entonces, mi confusión era enorme, aunque a la vez agradecía que hasta ahora no comprendiera del todo las palabras de Carlisle. No tenía sed de sangre ni mucho menos se me antojaba comerme a Tyler Crowley, otra vez.
Para ese caso, si pudiera ponerle un diente encima a alguien, sería a Edward.
Mientras Carlisle platicaba conmigo, mi perfecto novio se encontraba en una esquina leyendo muy concentrado un pequeño libro. La luz que entraba del ventanal pegaba directamente a su cabello despeinado, acentuando los destellos cobrizos de este. Carlisle hablaba y le ponía atención si, pero eso no evitaba que le quitara los ojos de encima todo el tiempo. La verdad yo no entendía cómo Edward no se fastidiaba de mi actitud de novia deslumbrada que lo veía con ojos de amor todo el tiempo, él sólo lanzaba aquella sonrisa torcida y regresaba su mirada al libro.
Seguí un rato más charlando con Carlisle, hasta que su localizador sonó.
- es el hospital…me necesitan en una emergencia así que creo que mi día libre ha terminado oficialmentehablaremos luego chicos- dijo levantándose
Carlisle se fue dejándonos solos en su estudio, por lo tanto tenía tiempo para fisgonear un poco en su oficina, pero ni siquiera comencé ya que la pintura de los hombres hermosos, alías los Vulturi, me volvió a llamar la atención.
Me acerqué con la misma curiosidad que la primera vez, incluso con más ahora que sabía que andaban detrás de mis huesos, pero nuevamente aquel hombre melancólico me perturbaba demasiado.
- hay algo en él que no me gusta…- le dije a Edward señalando al hombre.
- en quién?...en Marco?...- preguntó Edward
-exacto…su mirada como que me intimida, casi como la tuya cuando te conocí…da algo de miedo-
Edward apenas despego la vista de su libro y volteo a verme, seguramente el libro era más importante que mis estupideces paranoicas con el tal Marco.
- y él te produce lo mismo entonces…-
- algo así…sólo que tú me inspirabas amor casi desde el primer momento…pero él hace que sienta mucha tristeza por dentro…-
Al decirle aquello, sentí como mi corazón se estremecía raramente, incluso hasta me toque el pecho porque sentí un repentino espasmo. Debía olvidarme de aquello, probablemente era cosa del diablo o algo así. Era hora de molestar a Edward y a su libro distractor de novios.
- qué lees?...el libro de los secretos revelados o que?...es que estas tan concentrado que…- le dije sentándome en su regazo.
Edward abrió sus brazos para recibirme mientras me sentaba y me mostró la portada de su libro.
-ahh…estas leyendo Seda…es buen libro, buena historia de amor…- le dije recostándome en su hombro.
- lo haz leído?...-
-si…hace como tres años que lo hice…-
-hace tres años…y qué hacía una niña de catorce leyendo un libro así?...- levantó mi mentón, señal de que la cosa se pondría romántica
- no se…pero incluso hasta tengo una parte favorita…a ver…-
Tomé el libro de sus níveas manos y comencé a hojear. Busqué un poco hasta que encontré mi parte favorita, digno de leérselo a Edward.
- hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero…morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero y con el corazón entre mis labios tú serás mío…de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío para siempre y si no me crees, abre los ojos señor amado mío y mírame…soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin mas seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran…-
Apenas si había terminado de leer aquello y Edward ya tenía apretados sus fríos labios sobre los míos. Intentó no tocarme demasiado por todo el rollo de la debilidad y esas cosas de la que ya estaba harta. Porqué no simplemente me daban una ardilla y ya?, así podría al menos disfrutar plenamente de los adorables besos de Edward.
Él me había mantenido a raya durante una semana, y no hacíamos más que tomarnos de las manos y darnos pequeños besos inocentes, así que esta ocasión no me importaba: aunque se me rompiera algo, yo le daría a Edward un buen beso.
Lo tomé del rostro, así como a veces él lo hacia con el mío y lo incliné un poco hacía atrás, Edward no pareció poner objeción alguna y me tomó por la cintura suavemente. Comencé a darle pequeños besos en la marcada línea de su mandíbula, continuando con el lóbulo de su oreja. Nunca había ido tan lejos de su boca, así que aquel acto nos puso un poco nerviosos, sobre todo a mí que no quería arruinar el momento con mi torpeza. Mientras yo hacia eso, Edward simplemente cerró sus ojos y acariciaba mi espalda, aunque por la expresión de su rostro podía decir que estaba preocupado.
- Bella…sabes que no debemos…- dijo en un susurro
-shhh…- lo callé poniendo mi dedo en su boca
Luego, reemplace el dedo con mis labios y comenzamos a besarnos nuevamente. El tono subió un poquito, sobre todo porque me atreví a meter mi lengua sutilmente. Estuve a la espera de que me hiciera a un lado por aquel acto de mi parte, pero la única respuesta que obtuve en verdad que me puso feliz: Edward hizo lo mismo.
Su lengua húmeda dentro de mi boca, fue la sensación más extraña de mi vida, los movimientos sincronizados boca a boca fueron alucinantes y quise más. Una de mis manos comenzó a bajar por su cuello y se metió debajo de su camisa, tratando de acariciar un poco la piel de su abdomen. Edward deslizó delicadamente su mano hacía mi espalda baja, en un principio por encima de mi blusa y luego por debajo de esta. El toque helado en mi calida, muy calida piel hizo que un espasmo recorriera mi cuerpo.
-frio…- dije besándolo
-lo siento…- Edward retiró su mano de mi cadera.
-no…no pares por favor…- me dio vergüenza decirle aquello, pero en verdad necesitaba sus caricias.
Edward me hizo caso y regresó su mano a donde estaba antes, y el juego de los besos franceses comenzó nuevamente, pero Edward paró en seco luego de un minuto.
-qué pasa?..- lo tomé del rostro, sin dejar de mirar sus labios.
- Emmet…-
Aun no había terminado de decirlo cuando Emmet entraba a la oficina, sin siquiera haber tocado o mirarnos, yo aún seguía en el regazo de Edward. Nos quedamos inmóviles, aunque yo no tanto, aun trataba de normalizar mi respiración y mi pecho iba de arriba abajo.
Emmet silbaba y tarareaba una canción, luego de pronto nos miró.
-siento haberlos interrumpido chicos pero vengo por un libro…sólo permítanme encontrarlo y luego me retiro…- dijo con una sonrisa burlona.
Yo me puse roja como un tomate, por el calor del momento ni siquiera recordaba que había más gente en la casa, aquello había sido un resbalón de principiantes. Reí ante la situación un poco, mientras que Edward parecía echar humo por la boca, estaba casi segura de que en algún momento se lanzaría encima de su hermano.
-Emmet!!...a ti ni siquiera te gusta leer…creo que ni siquiera sabes cómo hacerlo-
- hermano…nunca es tarde para aprender…un ejemplo claro eres tú, estas aprendiendo a amar!!...- hizo como que se limpiaba una lágrima imaginaria- estoy tan orgulloso de ti…mi pequeño Eddie- soltó una carcajada.
Edward tomó el libro que estábamos leyendo y se lo lanzó a la cabezota entrometida de Emmet golpeándolo en la cabeza. El enorme fisgón lo tomó y se lo lanzo de nuevo a Edward, pero este lo agarró antes de que lo golpeara.
Rosalíe llegó en aquel momento al estudio, nos pidió disculpas por el idiota de su marido y se lo llevó jalándolo de la oreja. Edward y yo no parábamos de reír, aunque yo aún seguía avergonzada por la pequeña escena subida de tono así que me paré del regazo de Edward.
- siento lo que sucedió…- dijo con su tono culpable tan característico
- qué cosa?...lo de Emmet o lo que pasó antes?...- ni siquiera me atreví a mirarlo a los ojos.
- lo de Emmet y…por dejarme llevar de esa manera contigo, aún estando delicada…a veces se me olvida que contigo debo de guardar mis límites…-
Rodé mis ojos, un poco enojada por el comentario de Edward, además, porqué siempre que llegábamos un poco lejos, se tenía que disculpar conmigo? Si me hubiera roto algunos huesos, creo que hubiera valido la pena, estar así con él valía todo para mí. Acaso para él no había sido tan maravilloso como lo había sido para mí? Sabía que ese era el precio de ser una novia tan ordinaria para Edward, el vampiro perfecto.
- si, ya!!...tienes razón…por un momento sentí que me ibas a romper…- vámonos, quiero ir a casa…- le dije molesta.
Edward sólo torció el gesto, pero no dijo nada y fui a despedirme de todos para que me llevara a casa.
Normalmente era una persona que olvidaba las cosas, y si me enojaba, se me quitaba al instante pero el disgusto de aquella ocasión me duró como dos días. Edward trataba de complacerme en todo, excepto en lo de los besos, de hecho desde aquel día aquellos escaseaban y eso me ponía cada vez más enojada con él. Por un lado yo sentía que no podía respirar sin un buen beso y por otro, Edward estaba tan relajado. Por eso no me sorprendía que hablar con Emmet sobre la mejor manera de cazar ardillas y conejos, fuera la mejor forma de pasar el tiempo en los últimos días.
- entonces los agarras del cuello y zaz!!...le clavas lo dientes así y bebes todo…- Emmet hizo su pequeña demostración con un muñeco de peluche de Alice.
Al parecer, la pequeña compradora compulsiva había adquirido animalitos de peluche de ardillas, conejos y hasta de jerbos para que yo me entrenara adecuadamente.
- eeww!!...pero supongo que a la verdadera ardilla no le saldrán bolitas de unicel verdad?...- le dije asqueada.
-daah!!...obviamente no "pecas"…pero te aseguro que sabe bien…- escupió entrañas de animal de peluche, es decir, bolitas de unicel.
- Emmet…ahora que ya haz salido del closet en eso de tu afición a las ardillas, me podías decir porque no te consigues otro animal?...no se, un conejo tal vez?, hay mas animales en el bosque por si no sabías…-
El gigantón ignoró mi comentario y luego de la demostración de práctica, bajamos al rio, necesitábamos encontrar un animal de verdad, lo que quería decir que tenia que verlo morir!!
Sólo podía pensar en una cosa: las ardillas olían a nueces y los conejos también a nueces pero con tierra, según las propias palabras de Emmet. Busqué debajo de los troncos algo que oliera a malditas nueces o a tierra con nueces y nada. Mi olfato ya estaba mas desarrollado pero sin embargo aun era una inútil para rastrear olores y todo porque estaba cada día más débil.
Si el olfato no funcionaba, tal vez el oído lo haría. Traté de escuchar pequeños pasitos en el suelo o algún gritito de rata pero nada. Busqué como un sabueso por casi media hora, estaba harta.
- Emmet!!...no hay nada aquí…te has comido todo roedor a la redonda!!...-
Emmet iba a hacer un comentario ofensivo llamándome "pecosa" cuando un olor me pegó a la nariz.
- nueces!!...- grité de inmediato rastreando el olor.
Y entonces la vi. Una condenada ardilla me miraba así como si supiera que me la iba a comer y comenzó a correr o cualquier cosa que hagan los roedores para huir.
- ve por ella "pecas"!!...- Emmet me aupó como porrista
Como pude, corrí como loca detrás de ella pero en el fondo tenia ganas de que huyera y se metiera en su madriguera para tener un pretexto y no comérmela. Pero la ardilla quería pelea, no se metió en ningún hoyo o algo, sólo se detuvo en un tronco, muy lejos de donde estaba Emmet.
Como es que yo había corrido tan lejos en menos de cinco segundos?
No sé, pero el roedor volteo a verme raro y contundente. Hubiera deseado que alguien tuviera una cámara para grabarla y subirla a youtube o yo que sé. Sin pensarlo me abalance sobre ella, caí en una pila de hojas secas y luché sin tregua hasta que la tuve en mis manos.
- la tengooo!!...- grité a todo pulmón alzándola en el aire.
Emmet llegó brincando como Alice, y luego Edward también llegó a la escena, observando sereno lo que hacía.
- ahora…haz rápido lo que te mostré con el peluche de la enana…- me apresuró Emmet
- NO SOY ENANA…MIS PADRES PROBABLEMENTE ERAN PEQUEÑOS!!...-pude escuchar a Alice gritar a lo lejos desde la casa.
- SI CLARO!!...- Emmet gritó hacia la casa – ella que va a saber?...tiene la habilidad de ver el futuro no el pasado…- se carcajeó un poco
Ni la ardilla ni yo sabíamos como proceder.
TUERCELE UN POCO EL CUELLO Y MUERDELA grito la voz de mi conciencia asesina
Estaba sumamente nerviosa, ahora tenia que morderla y beber sus bolitas de unicel, perdón, sangre. Al menos eso era lo me pedía mi conciencia asesina. Sentir respirar al animal en mis manos, su cuerpo tan cálido, me hizo recordar un poco a la bolsa de sangre del hospital.
HAZLO!!
Otra vez ella me atormentaba demasiado, me pedía a gritos, literalmente, que hiciera algo con esa ardilla.
NO ME HAGAS PERDER EL TIEMPO!!
Acerqué mi boca a la pequeña ardilla un poco asqueada por el tremendo olor a nueces que irradiaba. Tanto Emmet como Edward, se quedaron estáticos a la espera de que hiciera algo, pero la voz me ordenaba que no les prestara atención
IGNORA A ESOS TONTOS VAMPIROS, TÚ TIENES TRABAJO QUE HACER…TENGO HAMBRE!!
Mi mente estaba un poco nublada, tanto por el olor de la sangre bombeándose en el pequeño roedor como por mi voz interna desesperada por comer algo.
Cerré mis ojos y abrí mi boca grande.
Pero otra voz salió fuerte de mi, era mi propia voz, la de Bella y no la de la conciencia vampira. Esta me decía que no.
- no puedo…- dije soltando a la ardilla que salió huyendo de allí.
- queeeé?..."pecas", qué pasó?...la tenias lista!!...- dijo Emmet desesperado.
Edward no hizo expresión alguna, creo que tal vez comprendía mis razones o no sé. Yo no dije nada en aquel momento, sin explicación alguna, simplemente tenía ganas de llorar y terminar con aquella escena.
Para finales de esa semana, ya todos los Cullen habían pasado por la misma situación conmigo: agarraba el condenado animal – llámese ardilla, conejo, liebre, gato montes e incluso un día de suerte, un pequeño ciervo- me animaban sutilmente a hacer algo por fin, pero no me atrevía a dar el siguiente paso.
Tenía miedo, pero aún no sabía de qué exactamente. Creo que una parte de mí, deseaba de una buena vez clavarle el diente a esos animales, pero mi lado humano no lo veía de esa manera. Me rehusaba un poco a dejarme llevar nuevamente por aquel instinto.
Además, sentí que no era justo, nunca había visto a ninguno de los Cullen cazar algo que no fueran muñecos de peluche, así que exigí poder presenciar algo así.
- eso no pasará Carlisle…no sabemos si en el calor del momento atacaremos a Bella…de ninguna manera dejaré que vaya conmigo…- Edward se levantó del banco del piano algo molesto.
- pero podemos ir todos…cuidaremos de ella para evitar cualquier cosa que pueda llegar a suceder…- dijo Carlisle que cada día me caía mejor, siempre demostrando el punto.
Edward parecía no querer ceder. Según él, en algún punto de la cacería, todos ellos me voltearían a ver y se arrojarían sobre mis pequeños huesos. La verdad, no creía que los Cullen fueran capaces de hacer eso, bueno, aún tenia mis reservas acerca de Jasper, con eso de que era el nuevo vegetariano de la familia. Aunque si me preguntan 50 años de vegetariano no tenia nada nuevo, ya debía de haberse acostumbrado, pero en fin.
- si yo les preocupo tanto, entonces no iré…- dijo Jasper.
Edward pareció confiar en él, así que declino la oferta de Jasper de ausentarse de la cacería. Yo estaba a punto de saltar como lo hacia Alice, vería a los Cullen en su faceta cazadora, totalmente salvajes, naturales y hermosos.
Al fin, como siempre, todos acordaron que me llevarían con ellos en una de sus cacerías el próximo fin de semana. Edward no estuvo seguro de que eso seria seguro para mí, hasta que Alice tuvo una visión en la escuela durante el almuerzo.
- qué ves Alice?...- le pregunté intrigada
Sus ojos color de miel estaban perdidos, fijos en la nada. Se quedó unos segundos así, al igual que Edward que espiaba la pequeña mente de Alice.
- al parecer es el norte del bosque, casi para llegar a Alaska…estamos Emmet, Alice, Jasper, Rosalíe, tu y yo…- Edward fue interrumpido
- cazaras un alce Bella!!...- dijo Alice saliendo de su espasmo profético.
Un alce?, esas cosas eran enormes, podrían comerme a mi primero si se lo proponían.
- no debemos adelantarnos a las cosas Alice, nada esta escrito y tú lo sabes…además, no creo que esto de la cacería en conjunto sea la mejor idea…-
Alice sólo alzó sus pequeños hombros, ignorando por completo a su paranoico hermano. Pobre de Edward, sufría tanto preocupándose por mí, que incluso a veces me veía a mi misma como un costal de problemas. Pero eso estaba a punto de acabar, si lo de la sangre curatodo funcionaba, me convertiría en alguien de provecho y Edward no tendrá que estarme cuidando todo el tiempo.
Ya no sería la frágil Bella
El día de cacería llegó con una gran expectación para mí. En toda la semana pensé la mejor manera de cazar a un alce de dimensiones enormes, pero nunca se me ocurrió alguna.
En casa, pedí permiso para ir de campamento dos días con todos los Cullen, no sabíamos si reaccionaria como loca, así que aunque regresaríamos ese mismo día me quedaría con ellos por cualquier cosa. Maddie aceptó de inmediato, pero lamentablemente la decisión no dependía de ella, sino de Charlie que se rehusaba un poco a dejarme ir. Creo que pensaba que estaría a solas con Edward pero mi padre podía estar tranquilo: mi novio no me quería tocar ni un pelo así que no había ningún peligro. De todos modos, para el Viernes, Charlie ya me había dado permiso de ir.
Alice por su parte organizó antes con Rosalíe una salida de compras pre- cacería. Compraron ropa para la ocasión a todos, incluso para Carlisle, y Esme que ni siquiera irían.
Salimos muy temprano el sábado, aunque Alice me había levantado por la madrugada a ponerme la ropa que me había comprado, había para escoger. No me pude quejar de mi atuendo, era el más relajado de todos: una simple cazadora de tweed negra con rojo de tela muy cálida, idéntica a una que tenía Charlie. En cambio, la excéntrica de Alice se había decidido por utilizar una chaqueta parecida a las de Michel Jackson, Rosalíe había optado por algo más casual: un atuendo estilo aviador, tipo Amelia Earhart.
Al parecer eso de la cacería se había convertido en un hito para los Cullen, se habían tomado tantas molestias para conmigo que hasta me daba vergüenza.
- ellos quieren apoyarte en todo…creo que han aprendido a quererte, aunque no mas que yo…-Edward me besó en la mejilla, haciendo mi corazón palpitar como loco- además, creo que esto de tu entrenamiento es lo más interesante que han hecho en años, créeme…las cosas antes de que tu entraras a nuestras vidas era muy aburridas…- admitió con una sonrisa
Íbamos todas las personas de la visión en el enorme Jeep de Emmet. Hacía un frío de locos a las afueras de Forks, era lo normal en Octubre.
Estábamos ya a finales de Octubre?, creo que hasta ese momento me di cuenta de la fecha. Llegamos a una parte en donde tendríamos que dejar el auto y comenzar a "correr", si es que así se le podía decir a los que hacían los vampiros. Yo como siempre, tuve que viajar encima de la espalda de Edward, hasta que al fin llegamos al norte de Alaska donde quiera que eso fuera.
Todos, incluyendo a Edward entraron en una especie de posición de ataque, estaban pendientes de cualquier ruido que hubiera en el bosque, sobre todo Rosalíe que al parecer sería la encargada de cazar un ciervo para mostrarme cómo se hacía. En realidad yo hubiera querido que Edward fuera el que lo hiciera, pero se puso muy necio al respecto.
Caminé al lado de Edward un rato, esperando a que Rosalíe rastreara algo pero nada aparecía en aquel momento. Ella hubiera ido a una velocidad enorme a buscar algo, pero eso significaba que yo no vería nada, así que por eso teníamos que esperar a que un inocente animal se acercara a nosotros. Pero ningún animal se acercaría así nada más, sobre todo porque percibían perfectamente que éramos sus depredadores.
Me aburrí demasiado rápido, aunque de vez en cuando lanzaba piedritas al chaleco militar de Emmet para molestarlo. Alice, Jasper y Edward hacían esas cosas con la mente que siempre hacían, se comunicaban con telepatía, visiones del futuro y gestos.
Comenzó a lloviznar, lo que nos arruinaba un poco más los planes. Vaya día!! Estuve debajo de un árbol para evitar mojarme, según Edward, en mi estado probablemente hubiera sido fatal pillar un resfriado.
Todos se tensaron cuando una ráfaga de viento pasó por el terreno. Salí de mi refugio y puse en alerta todos mis sentidos paseándome cuidadosamente por el lugar, tratando de no hacer ruido.
Claramente un animal estaba cerca, detrás de unos arbustos muy altos. Me apresuré a llegar a ellos, se escuchaba que el animal que fuera, estaba masticando algo. Esperaba que no fuera el oso que una vez imagine que me comía cerca de la casa de los Cullen, hubiera sido irónico que él me cenara a mí.
Edward se mantuvo alejado de mí, al igual que Alice y el resto. Asomé mi pequeña cabeza torpe por debajo de los grandes arbustos y por un momento casi beso al enorme alce que estaba comiendo ramas. Solté un pequeño gritito y me aleje unos pasos hacia atrás, cayendo sobre mi trasero. El enorme animal de casi dos metros salió de los arbustos y me observó directamente a los ojos.
- no te muevas Bella…- dijo Edward sin mover ni un musculo
No quise respirar o siquiera mover un pelo tal y como Edward me había dicho, pero aunque suene ridículo, luego de unos segundos de contacto visual con el alce, ya no sentí miedo. Me levanté, acortando la distancia entre el animal y yo. En ese punto, me encontré fascinada con una criatura tan magnifica, tan enorme.
- tan hermoso…- pensé en voz alta
Nunca en mi vida había visto algo parecido.
Me armé de valor y me acerqué a tocarlo, el animal ni siquiera se inmutó. Estaba tan suave, tan cálido que lo menos que quería hacer era comérmelo. Era sólo un animal inocente, cómo se suponía que me lo iba a comer?. Supe que lo que decía Carlisle también aplicaba para los animales sin duda alguna. De alguna forma, si ese alce moría, arruinaría una vida.
Supuse que allí comenzaba la visión de Alice, ahora sólo debía encontrar la manera de lanzarme encima del enorme animal. Traté de pensar en él como comida, estiré mi mente todo lo que pude, pero ningún instinto cruzo mi cabeza.
Me quedé un momento inmóvil, hasta que un profundo gruñido salio de la nada en un segundo, asustándome por completo. Sin esperarlo, algo muy duro me golpeó, lanzándome a un lado, dejándome totalmente desorientada.
Lo que presencie en aquel momento, fue sumamente difícil, no pude asimilarlo al momento, incluso me sacó unas cuantas lágrimas. Aquello había rebasado mis límites.
Fue allí que supe que Edward tenía razón: venir a cazar con un montón de vampiros, no era la mejor idea del mundo.


CAPITULO 6
Sangre III







El golpe fue duro, no sólo física sino también emocionalmente: ver a Jasper abalanzándose sobre el alce y cortarle la garganta en un segundo para beber de inmediato su sangre, fue algo increíble. Aún ni siquiera me había levantado del suelo y el olor a sangre inundaba todo el terreno en donde estábamos. Mis lágrimas salían a borbotones, de la misma manera que la sangre del pobre animal.
Era prácticamente insoportable y me estaba volviendo loca. El animal sollozaba un poco, supuse que por el veneno o la ponzoña, ya no sé. Todos se hipnotizaron al ver el carmesí del líquido caliente saliendo del animal, incluso yo, más de lo que hubiera deseado.
Rosalíe se acercó al animal cautelosa, con una gracia exagerada para que lo que estaba a punto de hacer, se agazapó a un lado de Jasper y comenzó a beber también. Lo mismo hizo Emmet pero antes de darle la mordida, él hizo resonar un gruñido.
Alice y Edward parecían dudosos, pero sus ojos casi negros te daban una respuesta diferente: necesitaban alimentarse en ese momento. Observé los ojos de carbón de Edward.
- háganlo…no sientan vergüenza por mi…- les dije alentándolos a probar lo que quedaba del hermoso y enorme alce.
Alice hizo un movimiento de bailarina para dirigirse a donde ya estaban los demás. Fue muy raro verla hacer aquello, tan surreal que por un momento pensé que era un sueño raro. No podía decir que pesadilla, porque la parte salvaje de mí, estaba extasiada con el olor.
ACERCATE ANTES DE QUE SE ACABE TODO!! Decía mi conciencia como si aquello se tratara de una barra en el menú de la cafetería de la escuela.
Edward permaneció a mi lado, y aunque no necesitaba respirar, lo estaba haciendo demasiado rápido y profundo. Sabía que él no sería capaz de hacerme daño jamás, pero yo sabía lo que era la urgencia de sangre, así que nuevamente le pedí que se acercara a beber algo.
Lo tomé de la mano y lo llevé a la escena.
-espera…cuando caces con otros, acércate de manera sigilosa, poco a poco…sino puedes resultar lastimada…- susurró con calma
Supuse que lo había dicho por si en algún momento Jasper reclamaba su comida, pero no lo había hecho ya que todos comían del pobre animal. Quise afrontar todo con tranquilidad, a pesar de lo que estaba viendo en aquel momento con tanto morbo.
Deseaba concentrarme al máximo, quería que la caza valiera la pena pero no podía hacerlo. No si Edward me seguia mirando de aquella forma con sus ojos de carbón, los mismos que me miraban los primeros días cuando lo conocí. Me repasó de arriba abajo, mientras respiraba de manera exaltada.
- estas bien Edward?...- le pregunté muy confundida
No dijo nada y sin esperarlo, también él lanzó un pequeño gruñido cuando le clavó los dientes al animal. Al fin mi novio el vampiro sediento, me dejaba ver cómo se alimentaba y puede que suene morboso, pero había un rasgo de sensualidad en aquella imagen. Él había sido el primero en rehusarse a cazar todos juntos y ahora, allí estaba, bebiendo de la misma forma en que lo hacían sus hermanos.
SOLO FALTAS TÚ QUERIDA
La voz interna tenía razón. Además aquel olor cada vez me llamaba más y más, haciéndome un poco insoportable estar allí parada solo observando el festín.
VAMOS!!...ANTES DE QUE TE ARREPIENTAS
Me sorprendió que mi parte culpable, no pareciera en aquel momento, sólo la conciencia asesina estaba presente y sin embargo creo que la tenía bajo control.
Me puse de cuchillas frente al cuerpo y al acercarme, pude percatarme que el olor había cambiado un poco. El enorme corazón del alce ya no repiqueteaba con fuerza, era claro que estaba muerto.
- puedo comer aun así?...aunque haya muerto?...- pregunté curiosa, casi sin esperar una respuesta.
Edward aun con ojos negros de miedo, paró de beber y levantó su rostro para mirarme. Una gota de sangre, se escurrió por la comisura de sus labios, creo que ni siquiera se dio cuenta de que lucía como si hubiera salido de una película de vampiros.
Qué Cliché!!
ESO SI ES HERMOSO dijo mi otra conciencia
Mi respiración se agitó ante aquella visión. Me acerqué a él y como un acto reflejo, limpie la gota con mi dedo, Edward me observó directamente a los ojos, descifrando lo que haría a continuación, sin más, me lleve el dedo a la boca para probar aquel líquido.
Una especie de frenesí se agitó en mi interior, haciéndome querer más: no sólo quería más sangre, también quería más Edward. Mi lengua cosquilleaba por volver a tener el delicioso líquido en mi boca, mis manos se morían por tocar el cuerpo aún cálido del animal, aunque de cierta manera también deseaba desesperadamente un beso de mi novio.
Me arrepentí de no haberme lanzado al alce, pero aún podía hacer algo. Hice a un lado a Edward que aún no me contestaba, estaba decidida a beber del animal, pero él me detuvo.
- no, ya no puedes...la ponzoña ha invadido a todo el animal...no sabemos qué consecuencia tenga si la pruebas así...-
- queeé?...-le dije horrorizada de la misma forma que mi conciencia – no...yo tengo que probarla, la necesito...-
- lo sé...pero ahora no puedes probar de esa...está contaminada...- su voz era firme, nunca lo había escuchado hablarme así.
Estaba sumamente molesta, tanto que los demás Cullen dejaron de "comer" y me miraron con expectación. Sus pupilas denotaban que estaban satisfechos y cómo no iban a estarlo?
En cambio yo, estaba que me llevaba el diablo.
- esto ha sido un fracaso total y rotundo, ahora se supone que debo encontrar otro animal?...además, qué animal se acercaría después del festín que acaban de disfrutar, del cual claro, yo no fui parte...- la verborrea era alimentada por mi conciencia molesta, nunca se metan con mi lado salvaje – qué les costaba hacerme un huequito?, sólo uno...no era como si me lo fuera a beber todo...-
Ninguno me contestó, creo que esperaban que se me pasara la rabieta de aquel momento, me daban por mi lado así como lo hacía Charlie a veces. Bufé por lo bajo y comencé a caminar a través del bosque, haciendo a un lado cada rama que me golpeaba la cara.
Creo que hasta iba maldiciendo por lo bajo, no a ellos, sino a mí.
- eres una estúpida Bella Swan...tenias que seguir siendo una cobarde como siempre...no te atreves a reclamar lo que quieres cuando lo quieres...- me di un golpe en la cabeza que me aturdió un poco – no puedes reclamar ni un poco de sangre o un mísero beso de tu novio...eres patética!!-
- quién es patética?...- resonó la dulce voz de Alice.
- pues yo Alice...quién más?...que no acabas de ver el horrendo show que acabo de dar?, no sirvo para cazar ardillas, mucho menos un enorme alce ni siquiera estando ya muerto...muerto!!- alce mis manos al aire, para darle sentido a mi punto.
Alice se acercó a mí, dándome un abrazo y frotándome la espalda. Se sintió bien, al menos sabía que tenía su apoyo en mis fracasos.
- mira Bella...no todos somos buenos para todo, simplemente a ti no se te dio la caza y ya...gracias al cielo por dos cosas, la primera, que te alimentes de las dos maneras, porque si dependieras completamente de sangre, te morirías de hambre...- soltó una risita - la segunda, porque estamos contigo y nosotros nos encargaremos de cuidarte...chicos!!...- gritó chillonamente destrozando mi oído un poco.
En un segundo, todos estaban con nosotros, a la espera que Alice les dijera lo que tenía pensado. Al parecer Edward estaba molesto, su cara rígida y la distancia que guardo en aquel momento me lo dijo de inmediato. Tendría que encontrar la manera de reconciliarme con él.
- Edward...necesito que lleves a Bella a casa y nos esperen un momento ok?...ya sabes lo que tengo en mente y a menos que tengas otra maravillosa idea, te suplico que cierres el pico...- amenazó Alice
No entendía lo que pasaba, pero me olía a que Alice se traía algo entre manos. De pronto, y con mala cara, Edward me lanzó a su espalda de un solo movimiento. Apenas si alcancé a decir adiós a todos los demás.
Mientras corríamos, noté que Edward estaba tenso, lo que me hizo pensar que tal vez yo había subido de peso y que por eso estaba molesto. No podía ser, él era un vampiro súper poderoso, así que tenía que ser algo más. Quise romper el hielo diciéndole que tenía un calambre así que debíamos de parar.
- qué es lo que se trae la enana en mente?...secuestrara a un montón de animales y hará una especie de rebaño en mi casa para que yo escoja lo que quiero comer?...- le dije risueña, esperaba que mi broma lo sacara de su estado Jasperesco.
- no es eso...ya podemos continuar?...- me dijo serio
- oye, oye!!... en serio vamos a jugar de nuevo a que estas enojado?...porque ya lo hice un tiempo y no me gustó para nada...mis niveles de autoestima decrecieron ocho mil porciento gracias a tus desprecios pre-noviazgo Edward...- me crucé de brazos.
Al fin, Edward soltó una sonrisa, lo que me provocó abrazarlo de inmediato. Mi cuerpo entero se inundó de su esencia deliciosa, haciéndome pensar lo afortunada que era al estar a su lado. Sus desprecios anteriores se habían convertido en el amor más lindo que alguien me hubiera ofrecido y después de algunos meses podía decir con toda certeza que Edward era mío, sólo mío. Aunque si consideramos todos los aspectos de pertenecía, creo que sólo era mío por palabra, no por acción; es decir, no estábamos ni cerca de estar casados, ni al menos cerca de habernos unido "en cuerpo".
Aquel pensamiento me arrancó un suspiro y juró que comencé a sentir un calor inmenso.
- qué pasa?...- preguntó alzando mi rostro desde mi mentón.
- nada...simples pensamientos de una loca maniática, ya me conoces...- reí por lo bajo – te amo Edward...- le dije sin más.
Edward me respondió plantándome un beso, pero separándose un poco luego de unos segundos.
- Bella...espera...-
Aquella fue mi señal para reclamar aquello que necesitaba, sólo esperaba que Edward no me mandara al diablo ya que hasta ahora a él le iba bien el comportamiento abstemio libre de besos, pero a mí no. No después de haber probado su boca.
- espero qué Edward?...he estado así varias semanas y a pesar de que eres muy lindo y tierno conmigo, debo decir, y con cierta vergüenza, que mi todo te necesita...- sentí que el color rojo se apoderaba de mi rostro, pero eso no me impidió que siguiera, era ahora o nunca – mis oídos necesitan escuchar tu voz, mi olfato tiene que pasar lista con tu esencia todos los días, mis manos tiene que sentir tus frías manos todo el tiempo...pero eso ya lo tengo siempre...- me acerqué a sus labios – mis labios también me reclaman tus besos y tú te la pasas impidiendo que lleguemos a algo...-
Esperaba que en cualquier momento, me besara o algo así, pero no lo hizo.
- ya te lo he dicho...estas aún muy de...-
- ok...el cuento de mi debilidad me lo sé de memoria y de una buena vez te aviso que prefiero que se me rompa la mandíbula o cualquier hueso del cuerpo, antes de que me vuelvas a privar de algo que quiero con todas mis fuerzas...-
Edward no dijo nada y me observó rígido. Creo que de cierta manera me dio la respuesta: simplemente él no deseaba tanto mis besos como yo deseaba los de él.
Eso era.
Apenas había caído en cuenta, estúpida Bella. En aquel momento, deseé tener un control remoto y rebobinar todo para no decir la sarta de tonterías que le acababa de decir a Edward.
- ok...ya entendí...vámonos a casa...- dije reteniendo las lagrimas.
Emprendimos nuevamente el camino a su casa, donde Esme nos esperaba enfundada en su traje para la ocasión, algo estilo zafarí en colores caqui.
- por sus caras largas veo que no les fue tan bien...- dijo sentándome a su lado, supuse que quería que le contara mi patético viaje de cacería.
- no Esme, no nos fue bien...ahora estamos esperando a Alice y a los demás...- le dije derrotada, no sólo por la cacería, sino por el rechazo silencioso de mi novio que se sentaba en aquel momento a tocar algo en su piano.
- en ese caso...te puedo ofrecer algo de tomar?...-
Me llevé un dedo a la barbilla tratando de pensar que me podía ofrecer de beber un ama de casa vampírica.
-ahmm...un vaso de sangre estaría bien...- dije en tono de broma.
- A LA ORDEN!!...- gritó una vocecilla que me hizo voltear de inmediato a la entrada.
Era Alice y compañía que acababan de llegar. Ella entró como una ráfaga de viento a la cocina, un segundo después estaba frente a mí esbozando una enorme sonrisa. Un olor conocido rodeaba su pequeño cuerpo.
- Bellaaaa?...- dijo en tono socarrón, como de niña
- Alice...- le dije levantando una ceja, cruzándome de brazos y piernas en el sillón.
- mira lo que te traje...- agitó un termo metálico frente a mis narices que desprendía un olor fascinante.
SANGRE!! gritó mi voz interna
Mis ojos se abrieron demasiado, probablemente lucía como un pez ojón, pero no me importó. La enana, movía de un lado a otro el termo y mis ojos no podían evitar seguirlo. Edward paró de tocar y se dispuso a observar aquella escena.
- bueno ya!!...vas a tomarte mi regalo o qué?...- la enana hizo un puchero y me extendió mi "regalo"
No tenía tiempo ni humor para hacerme del rogar: necesitaba de una vez por todas quitarme las ansias por beber sangre. Sin duda, Alice era la mejor amiga que una hibrida de vampiro y humano podía tener.
Le quité educadamente el termo y lo abrí lentamente, como si en algún momento fuera a explotar. Estaba aún caliente, lo que hizo que me diera un poco de escalofríos. Lo olí un poco antes de acercar mi boca, preguntándome de que tipo de animal sería.
- puedo preguntar de qué animal es?...-
- de ciervo...yo lo cacé "pecas"!!- gritó Emmet a lo lejos
UHM... CIERVO gritó la conciencia
Finalmente, mis labios se atrevieron a darle un pequeñín sorbo al termo. La sangre, estaba efectivamente tibia como había imaginado. Las cosquillas en mi lengua eran increíbles, como si un desfile de felicidad se hubiera apoderado de mi boca. Di un sorbo más contundente y sólo quería saltar de felicidad, me preguntaba si así se sentían ellos al hacerlo o solo era yo que no era normal. Me empiné el termo entero completamente feliz y convencida de que después de todo la sangre no me caía tan mal, aunque estaba esperando que de un momento a otro las convulsiones se presentaran a azotarme, pero no lo hicieron. Era una sensación agradable, pero sin duda no fue igual que la vez que asesine a la pobre bolsita de sangre humana. Llegué al fondo del recipiente y noté que tristemente me lo había terminado. Lo agité pero allí ya no había nada, a menos que fuera un termo mágico sin fondo, aunque eso era muy poco probable.
Eso era todo?
Ese era el tremendo lio de la sangre?
Dios mio!!...qué exagerada y totalmente patética había sido!!, sin duda era una de las cosas más fáciles de hacer, claro, si es que tus cuñados vampiros te daban la sangre a domicilio.
- más?...- preguntó Alice un poco persuasiva.
- ahmm...si por favor...- no dude en contestarle.
-Emmet!!...sírvele otra a Bella...- le gritó Alice
Genial. La casa de los Cullen se había convertido de repente en el bar plasmático de moda, atendida por el vampiro oso y la duende hiperactiva.
Tres termos más de sangre fueron necesarios para satisfacer esta especie de hambre que sentía, además de que pude comprobar lo que había dicho Carlisle: la sangre de humano y la de animal no era lo mismo, definitivamente no lo eran. La de humano, por lo poco que recordaba sabía un poco más espesa, como más consistente, en cambio había percibido la animal un poco más ligera o yo que sé.
Cuando pude reaccionar completamente, me di cuenta de que estaba en el cuarto de Edward, tirada en el sillón. Estaba totalmente dopada en sangre de animal. No tuve más que esperar sentada a que el éxtasis del momento o más bien de las horas, desapareciera un poco. Me sentía como la vez en que Jacob y yo bebimos galones y galones de ponche de huevo con licor en una navidad.
Ay Jacob!!
- cómo te sientes?...- me preguntó Edward que estaba a un lado mío.
- genial!!...- le conteste eufórica y con una sonrisa estúpida - llévame a mi casa por favor Sr. Don Vampiro...- Edward torció una sonrisa por mi nuevo apodo para él.
- ahmm Bella...te recuerdo que esta noche dormirás con nosotros...-
- ahh!!...lo había olvidado por completo...bueno, entonces creo que es hora de dormir, buenas noches...- me acurruqué en su sillón de piel.
Edward tosió un par de veces, yo creo que para que le hiciera caso.
- dormirás en la cama de huéspedes...además, pensé que querías hacer alguna otra cosa antes de dormir, con eso de que es la primera vez oficial que te quedas aquí conmigo...- dijo con un tono dulzón
Rodé los ojos cínicamente. Qué se supone que íbamos a hacer?, pintarnos las uñas mutuamente?, trenzar nuestros cabellos?, jugar ligera como una pluma, rígida como una tabla?. Algo parecido a eso tendríamos que hacer, porque supongo que las demostraciones de amor estaban tachadas de las cosas divertidas en la lista de Edward Cullen.
Aunque esta era mi única oportunidad para sugerirlo, tenía que ser persuasiva.
- ahmm...yo sugiero...- me mordí la uña – que hagamos algo que nunca hayamos hecho...algo así como...-
- karaoke?...- preguntó el Sr. Don Vampiro
Era el colmo. No sabía si mi novio no sabía divertirse o más bien no quería hacerlo conmigo.
- si Edward...karaoke...-
Y entonces así sucedió. De algún lugar de la casa Cullen, Alice sacó una maquina de karaoke y se armó de la nada un torneo de canciones por doquier. Pasé por lo que creo, la mayor de mis vergüenzas, pero al parecer estaba tan atolondrada por mi reciente incursión al mundo culinario de la sangre, que ni siquiera mi importó haber cantado Baby One More Time de Britney Spears. Reímos como locos al escuchar a Emmet cantar Billy Jean de Michael Jackson, creo que yo estuve a punto de orinarme de la risa, en fin, fue sin duda una noche alocada.
Era casi de madrugada y yo tenía bastante sueño. No quería pelear nuevamente con Edward, ni siquiera quería presionarlo de nuevo. Lo amaba y no me importaba nada más, así que sin chistar fui a dormir al cuarto de reemplazo de Alice. Pensaba despedirme de Edward ya que supuse que él se quedaría en su cuarto, pero me sorprendió que se acomodara a un lado de la cama, de la misma manera en que lo hacía en mi casa.
- ahmm...no se supone que tú te quedarías en tu cuarto y yo aquí?...con eso de que no quieres dormir conmigo o lo que sea que hagas aquí en tu casa...- le dije un poco enojada
- Bella...no quiero que duermas en mi cuarto porque ese sillón es muy incómodo incluso hasta para mí, probablemente pasarías muy mala noche en él...esta más cómodo aquí no crees?...incluso Esme compró nueva cama de ropa y estoy seguro que dentro de muy poco acomodara esta habitación a tu gusto...-
Bueno, al menos su excusa era agradable, así que lo perdone y me dispuse a dormir en aquella enorme cama suavecita, al lado de mi novio de hielo que tarareo una canción para dormirme.
Por la mañana, abrí los ojos, totalmente descansada. Aquella enorme cama era como una nube, ni siquiera quería levantarme.
- buenos días hermosa...-
El terciopelo de la voz de Edward me levantaba en aquel momento, sacándome la morriña mañanera. Le contesté de la misma manera, pero obviamente sin el hermosa. Podía ver que estaba de mejor humor que el día anterior, estaba a mi lado acariciando mi mejilla y mirándome con unos ojos de amor inmenso.
- oye...lamento mucho la manera en que me comporte contigo ayer...fui un bruto...-
Como buen novio se disculpaba, yo estaba feliz aunque de cierta manera yo también me había portado un poco mal.
- entonces tú debes perdonarme...yo también estaba algo nefasta por todo el asunto de la sangre, pero ya estoy bien así que nos perdonamos mutuamente...- le di un apretón de manos
Un tremendo olor a comida llegaba desde abajo, mi nariz comenzó a olfatear como si fuera yo un sabueso.
- huele a huevos revueltos...- olfatee de nuevo – con jamón?...-
-descúbrelo tú misma...pero primero supongo que quieres refrescarte no?...Alice dejo ropa en el baño para que bajes a desayunar luego...- Edward me dejó sola, dándome un beso en la frente.
Típico de Alice. Yo tenía mi propia ropa y sin embargo insistía en vestirme como una muñeca, siempre a su contentillo pero al menos tenia buen gusto. Me duché en aquel baño elegantísimo en el que alguna vez entré luego de la dichosa transformación. Me vestí con la ropa de Alice, luego al momento de peinarme, no pude evitar soltar un tremendo grito, tirando el peine quien sabe dónde.
En el espejo, probablemente carísimo, se reflejaba alguien que no había visto en mucho tiempo. Esa persona era realmente bonita, irradiaba una especie de brillo fantástico, no literalmente como el de Edward, más bien era otra cosa. Sus ojos eran casi como el color de la miel.
Esa persona era yo.
- qué pasó?...- preguntó Edward alarmado
- soy yo...- dije tocándome el rostro y pegada a escasos centímetros del espejo.
-ahmm...si amor, eres tu...quién más si no?...- me tomó por la cintura y sonrió junto conmigo en el espejo.
Ahora casi éramos la pareja perfecta
Lo único que podía pensar o decir era wow!!. La Bella cara de muerto había desaparecido para darle pauta a una más bonita, o al menos a una más decente. Juro que incluso a la hora de desayunar me veía a través del reflejo de la mesa sin poder evitarlo, imaginándome ahora cómo se sentía Rosalíe.
Los Cullen se sorprendieron por el rápido efecto de la sangre en mí, ahora no había duda de que eso era lo que necesitaba mi pequeño cuerpo mitad humano. Hicimos un pacto: ya que yo era una completa inepta para cazar, por ahora, ellos me traerían algo de "comer" cada que fueran a cazar. Tendría mi propio servicio de comida a domicilio gracias a todos ellos, no podía estar más feliz.
Al medio día, al fin pude ir a casa, seguramente si me tardaba más Charlie soltaría a los perros policías para que me fueran a buscar. Entré sola a casa, Edward iría más tarde. Charlie y Maddie estaban en la sala, creo que leyendo periódico cuando me vieron. Al parecer yo no fui la única sorprendida por el cambio.
- qué te hicieron cariño?...- dijo Maddie señalando mi cara.
- Alice y su maquillaje caro de estrella de TV tuvieron qué ver con esto...-
- te dije que con un poco de maquillaje resaltarías tus rasgos...te ves hermosa...-
- y cómo te fue?...viste algo interesante?...- preguntó Charlie
- si, bastantes...pero debo decir que lo que más me impresionó fue un enorme alce que estaba más grande que esta casa...hubieras visto, casi nos como a todos...- le dije sarcásticamente, aunque claro, mi padre no entendió el sarcasmo.
De la nada, ahora me encontraba haciendo chistes sobre difuntos alces de dos metros, sin duda era muy cruel. Me creyeron todo el cuento de inmediato, luego, emprendieron su camino dominical hacia La Push.
Me ofrecieron que los acompañara pero no podía, no deseaba enfrentarme nuevamente a Jacob así que me quedé a hacer tarea. Estaba bastante atrasada en la escuela, así que estuve haciendo deberes de todo tipo hasta la noche que llegaron mis padres.
Incluso en sueños pude codearme con mi tarea, imaginándome que hacía un experimento que volaba la escuela por completo y luego Edward aparecía para salvarme.
Me preguntaba si en verdad haría explotar la escuela al día siguiente.
Efectivamente, al día siguiente nada pasó- excepto que todos me miraban raro, supuse que era por el pequeño cambio de imagen - ni exploté la escuela. La que estuve a punto de explotar fui yo al ahora del almuerzo mientras hablaba con las chicas.
- que queeé?... hablas en serio Jessica?...- grité por lo bajo antes de morder mi sándwich, el cual hice a un lado por la revelación que Jessica acababa de hacer.
- si…que tiene de malo…o no me digas que tú no lo has hecho con Edward?...-
Mis mejillas se tiñeron del rojo más rojo del mundo, no era por la vergüenza sino porque me enojaba la falta de intuición de Jessica: Edward ni siquiera quería besarme adecuadamente, mucho menos quería llegar más lejos!!. Mis dos amigas me observaban expectantes, a la espera que confirmara o desmintiera lo que Jessica había dicho.
- obviamente no!!...Dios Jess!!...qué te hace pensar eso?...-
- he visto como te mira…con ojos de, no se…como de deseo, así de la misma forma en que estas mirando a ese sándwich de tu bandeja…discúlpame, pero yo por menos que eso lo hice con Mike…- el tono de voz de Jessica trataba de sonar muy maduro.
Para colmo, Ángela se unió a las preguntas de Jessica.
- Jess tiene razón…yo juraba que Edward y tu…pues ya habían dado el siguiente paso…- se acomodó sus lentes
- no…no lo hemos dado y créanme…no creo que lo demos dentro de mucho tiempo…además ya no quiero hablar del tema…- por lo nerviosa, casi me arrancó un labio al mordérmelo.
-no me digas que Edward es así como los Hermanos Jonas y tiene su alianza de abstinencia en el dedo meñique…siempre lo dije Bella, los Cullen sí que son raros…- el rostro de Jessica cambio de expresión – hey Edward, cómo estás?...-
Detrás de mí, el vampiro abstemio es decir Edward, sonreía hacia mis amigas que estaban que se las llevaba el diablo por lo apenadas que estaban.
- hola Jessica…Ángela…estoy maravillosamente bien y ustedes?...algo nuevo qué contar?...-
Ambas chicas negaron con la cabeza mientras esbozaban una enorme sonrisa, aún estaban deslumbradas por Edward. No las culpaba ni me daban celos, simplemente era inevitable, a mi me pasaba todo el tiempo.
Aquella situación era incomoda con I mega mayúscula. Mi novio había llegado cuando hablábamos de su abstinencia de besos y más. Pero Mike llegó con Tyler y Ben, creo que nunca estuve tan agradecida por su presencia, por la cara de tonto que traía seguramente tenía algo que contarnos.
- oigan todos!!..- se subió a la mesa metálica con un montón de papeles en la mano
Captó la atención de todos los que nos encontrábamos en la cafetería.
- los espero el sábado en mi casa...daré una fiesta de disfraces con motivo del día de brujas...tomen...- lanzó los papeles y todos se lanzaron por ellos como si fueran comida.
Las fiestas en casa de Mike eran celebres en la escuela, creo que porque era el único que tenía un patio grande y unos padres dispuestos a soportar a adolescentes ebrios y dispuestos.
Miré a Edward a la espera de alguna respuesta. Iríamos o nos quedaríamos nuevamente en su casa a cantar karaoke?
- Bella y yo tenemos biología así que debemos llegar temprano…- Edward se acercó a mis amigas a susurrarles- hoy disecaremos una rana…- les guiño el ojo.
Sólo pude reír por la cara de Jessica y Ángela, podías ver estrellitas en sus ojos a pesar de que los chicos que les gustaban estaban junto a ellas. Me fui con Edward a biología como diez minutos antes de que comenzara la clase, por eso estuvimos un rato solos en el laboratorio.
En aquel momento supe que debía preguntarle algo a Edward.
- Edward?...tienes un anillo como los Hermanos Jonas?...- dije tímida.
Su lenguaje corporal cambio por completo, seguro lo habia agarrado en curva. Suspiró un poco y luego lo que me dijo hizo que soltara una carcajada.
- no conosco a los Hermanos Jonas...es una especie de iglesia o algo así?...- dijo despistadamente
- ahmm...si, eso son pero mejor olvidalo...- aún no paraba de reir, probablemente pensó que me estaba burlando de él. Lo mejor, es que no tenía anillo pro-abstinencia
Por un momento me olvidé que Edward no se la pasaba el día mirando Disney Channel como Angela.
- entonces...Mike y Jessica no?...- me preguntó
- si...me sorprendió demasiado, no pensé que Jessica cedería tan pronto...-
-pues debo decir que Mike tenía planeando el encuentro desde hace semanas...-
- semanas?...eeww!!...qué bueno que nunca acepte a Mike, si no sería yo la que estuviera en lugar de Jessica...- aquel pensamiento me dio escalofrios
Edward torció un poco el gesto, preguntándome yo si había dicho algo malo.
- lo hubieras hecho con Mike?...-
- en completo uso de mis facultades mentales como ahora?, claro que no!!...pero supongo que si lo amara con todas mis fuerzas, tal vez si...- no sé si dije aquello a propósito
Edward pasó saliva un momento, seguramente de nuevo estaba incomodo por el tema, por eso desvié el hilo de la conversación.
- has visto en la malvada mente de Alice qué disfraz usaremos?...-
- si...desde la mañana lo supe pero todo tuvo sentido hasta que leí la mente de Mike...-
- y me dirás en qué me convertiré esa noche?...-
- eso lo tienes que decidir tú primero...sino Alice decidiría por ti sin que lo supieras antes...- Edward tenía razón, debía tener libre albedrio
Además sería divertido desafiar a Alice por primera vez. Jugaría con su pequeña mente previsora y seguramente mi disfraz sería una incógnita para ella al final de la semana.
Ahora sólo debía pensar una cosa: cómo demonios iría a la fiesta.
Tal vez de monstruo?
De perro?
De hamburguesa humana gigante?
Debía pensar en algo, después de todo engañar a Alice no sería tan fácil.